

- Título: La canguro
- Autor: Pablo Rivero
- Año de publicación: 2026
- Editorial: SUMA
- Páginas: 384
La canguro de Pablo Rivero, cuando el domestic noir se queda en la superficie
Me gusta la literatura que se toma en serio a sí misma, la que exige atención y recompensa la paciencia del lector con cierta hondura. Pero no siempre leo desde ese lugar, ya que hay ocasiones en las que necesito bajar la guardia y dejarme llevar por una historia bien engrasada, una trama que avance con decisión y despierte ese impulso tan básico como eficaz, que es el de querer saber qué ocurrirá en la página siguiente.
Hacía tiempo que no me acercaba a una novela de este tipo. No tenía muy claro por dónde orientar la lectura y, ante la falta de un rumbo definido, opté por una apuesta que, sobre el papel, parecía segura. Había oído hablar bien de Pablo Rivero y La canguro se inscribía además en uno de los géneros más transitados y exitosos de los últimos años, el domestic noir, ese thriller doméstico que convierte la intimidad del hogar en un espacio potencialmente inquietante.
La novela prometía justamente eso, una situación reconocible, una dinámica doméstica alterada por la irrupción de un elemento perturbador y una tensión que iría creciendo de forma progresiva. Todo parecía dispuesto para una lectura ágil, adictiva y, sin necesidad de grandes pretensiones, eficaz. Con esas expectativas abrí el libro. convencido de que encontraría una lectura ágil y efectiva.
Aunque para entender qué ofrece exactamente La canguro y qué historia pretende contar, conviene detenerse primero en su planteamiento inicial.
Sinopsis
Paula ha dejado su trabajo y su vida anterior para dedicarse por completo a sus dos hijos. Su maternidad se ha transformado en una vigilancia constante, casi asfixiante, donde el miedo a que ocurra algo convierte la casa en un espacio cerrado, lleno de normas y precauciones. Esa obsesión por protegerlos afecta tanto a la convivencia familiar como a su relación con Raúl, su marido.
En ese contexto, Paula se cruza de manera sospechosamente casual con Yurena, una joven canguro a la que decide contratar para poder recuperar parte de su vida profesional. Desde su llegada, la normalidad empieza a resquebrajarse, con pequeños gestos fuera de lugar, decisiones que no respetan las normas impuestas por Paula, accidentes difíciles de explicar y una inquietud creciente que se instala en la casa. La presencia de Yurena altera el equilibrio familiar y despierta celos, dudas y una desconfianza cada vez más difícil de controlar.
Lo que Paula desconoce es que la aparición de la canguro no responde al azar, ya que Yurena ha sido enviada por Joaquín, un hombre vinculado al pasado de Paula, que mantiene con ella una relación antigua, mal resuelta y cargada de sombras. Joaquín persigue un objetivo oculto, meticuloso y profundamente perturbador, y utiliza a Yurena como pieza clave de un plan.
Lo que Paula ignora es que Yurena no solo observa, sino que ejecuta. Ha sido contratada para cumplir una estrategia cuidadosamente diseñada, un plan que no persigue el dinero ni la venganza inmediata, sino la apropiación de una vida ajena. Joaquín, movido por una obsesión antigua y una certeza que se niega a contrastar, pretende reescribir el pasado y corregirlo a cualquier precio. La casa, los niños y la rutina diaria se transforman así en el tablero de una operación fría y calculada, donde cada gesto aparentemente banal forma parte de un objetivo final tan inquietante como irreversible.
Estilo y opinión
Hay libros fáciles de leer que, paradójicamente, se hacen eternos. La canguro pertenece a esa categoría ingrata, puesto que se trata de una novela concebida para el consumo rápido que, sin embargo, avanza a base de vueltas innecesarias, escenas estiradas y una insistencia agotadora en remarcar lo evidente. Todo está subrayado, explicado y repetido hasta el hastío.
La novela está narrada desde múltiples puntos de vista: Paula, Ethan, Yurena, Joaquín e incluso Conchita, la madre de Joaquín. Sobre el papel, esta polifonía debería enriquecer el relato, aportar contrastes psicológicos, ampliar la comprensión del conflicto y tensar la intriga desde ángulos complementarios. En la práctica, no ocurre nada de eso.
El cambio constante de voces no suma, sino que repite. Cada nuevo narrador vuelve sobre escenas ya conocidas, insiste en los mismos hechos y los reexpone con mínimas variaciones, como si la novela desconfiara de su propia capacidad para avanzar sin subrayarlo todo varias veces. La multiplicidad de perspectivas no construye capas; funciona como un mecanismo para dar vueltas y más vueltas sobre el mismo núcleo narrativo, alargando artificialmente la historia.
El planteamiento inicial podría resultar atractivo y, sobre el papel, funciona, capítulos breves, cambios constantes de punto de vista y abundancia de cliffhangers. El problema es que esos ganchos están mal resueltos o directamente no llevan a ninguna parte. El libro promete tensión, misterio y revelaciones, pero a mitad de lectura —alrededor de las doscientas páginas— la sensación es de vacío narrativo absoluto. No porque no pasen cosas, sino porque nada de lo que ocurre añade profundidad, complejidad o verdadero conflicto.
Uno de los defectos más grave está en los personajes, ya que no hay arcos, no hay evolución, no hay mundo interior. Paula, Ethan, Yurena o Raúl podrían intercambiar sus voces sin que el texto se resienta, todos piensan igual, hablan igual y reaccionan igual. No dialogan ni se definen, recitan una función. Así, la supuesta polifonía narrativa queda anulada por una homogeneización absoluta del tono y del pensamiento.
A esto se suma una falta de credibilidad constante, ya que las situaciones están forzadas, los comportamientos no se sostienen psicológicamente y los giros de la trama parecen diseñados más para provocar impacto inmediato que para surgir de forma orgánica. Durante buena parte del libro se alimenta un misterio que genera expectativas altas, solo para desembocar en una resolución simplona y previsible, que deja la sensación de haber sido conducido a un callejón sin salida.
No se trata de cuestionar el derecho de nadie a escribir ni a publicar, sino de reconocer cuándo una novela está pensada como producto y no como obra, sin riesgo, sin ambición literaria y sin verdadera profundidad. La canguro se lee rápido, sí, pero también se olvida rápido. Y lo que es peor: mientras se lee, cuesta no sentir que el tiempo invertido pesa más de lo que debería.
Pablo Rivero

Pablo Rivero (Madrid, 1980) es actor y escritor español. Es ampliamente conocido por su larga trayectoria en televisión, especialmente por su papel de Toni Alcántara en la serie Cuéntame cómo pasó, una de las ficciones más longevas y populares de la televisión española.
En los últimos años ha desarrollado también una carrera como novelista, centrada principalmente en el thriller psicológico y el suspense contemporáneo.
