

- Título: La chica más lista que conozco
- Autora: Sara Barquinero
- Fecha de publicación: 2026
- Editorial: Lumen
- Páginas: 448
La chica más lista que conozco.
Había bastante expectación alrededor de La chica más lista que conozco, ya que se trata de la primera novela que Sara Barquinero, publica después del fenómeno de Los escorpiones, esa novela mastodóntica, ambiciosa y algo excesiva que convirtió su nombre en uno de los más comentados de la literatura española reciente.
Y aquí voy a decir algo que quizá suene casi sacrílego para algunos lectores, ya que Los escorpiones no terminó de conquistarme. O mejor dicho, me conquistó a ratos. Me pareció una novela con una idea absolutamente brillante, una trama laberíntica y muy poderosa, llena de conspiraciones, depresión y sectas modernas, pero también una obra donde, por momentos, sentía que la arquitectura pesaba más que la emoción. Admiraba muchísimo lo que hacía, aunque no siempre lograra sentirlo del todo. Era como contemplar una catedral gigantesca, impresionante, sí, pero a veces demasiado consciente de su propia grandeza. Aquí te dejo un enlace a la reseña que le hice: https://vocesdelibros.com/resena-los-escorpiones-sara-barquinero/
Sin embargo, con La chica más lista que conozco me ha ocurrido algo distinto. Aquí he encontrado a una Sara Barquinero más literaria, más íntima, más afilada emocionalmente. Una autora menos obsesionada con demostrar la magnitud de su proyecto y más interesada en profundizar en las grietas de sus personajes, en las contradicciones morales, en la fragilidad intelectual y sentimental de toda una generación que parece vivir permanentemente agotada de sí misma.
Es cierto que la trama no posee el despliegue monumental ni el componente casi hipnótico de Los escorpiones. No hay aquí esa sensación de estar descendiendo por una madriguera gigantesca llena de pasadizos narrativos. Pero, a cambio, siento que hay algo más difícil de conseguir, como una mayor densidad literaria, más profundidad psicológica y una voz mucho más segura de sí misma.
Y claro, mientras leía, no podía dejar de pensar que el día que Sara Barquinero consiga fusionar la ambición estructural y la potencia conceptual de Los escorpiones con la madurez literaria y emocional que demuestra en esta novela, estaremos hablando de algo verdaderamente gigantesco. Porque talento, desde luego, le sobra. Y además da la sensación de que todavía está creciendo como escritora, que quizá es lo más impresionante de todo.
Sinopsis
Alicia llega a Madrid convencida de que la inteligencia puede cambiarle la vida. Ha dejado atrás Valladolid y todo aquello que asocia con la mediocridad y la resignación para comenzar Filosofía en una universidad cercana a Moncloa, un espacio que imagina casi como una promesa de salvación intelectual. Sueña con convertirse en alguien importante, formar parte de una élite académica y encontrar, por fin, personas capaces de comprenderla. Quiere desprenderse cuanto antes de la etiqueta de “provinciana” con la que algunos de sus nuevos compañeros desprecian a quienes consideran inferiores o “de segunda”.
Muy pronto empieza a integrarse en un círculo de estudiantes brillante y feroz, jóvenes obsesionados con demostrar constantemente su superioridad intelectual, donde la ironía, el elitismo y la crueldad funcionan como mecanismos de pertenencia. En las aulas de Filosofía, las discusiones sobre Platón, Sartre o el existencialismo conviven con la precariedad universitaria, las inseguridades personales y una competitividad soterrada que termina contaminándolo todo. Alicia intenta desesperadamente estar a la altura de ese mundo y se aferra a su inteligencia como si fuera la única forma posible de construirse una identidad.
En medio de ese ambiente aparece Juan Comala, un profesor carismático diez años mayor que ella, admirado por los alumnos y rodeado de una cierta aura intelectual. Alicia proyecta sobre él no solo el deseo amoroso, sino también la necesidad de reconocimiento intelectual y emocional. La relación que comienza entre ambos irá desdibujando poco a poco los límites entre admiración, dependencia, consentimiento y poder, mientras Alicia intenta descubrir quién es realmente más allá de la imagen que los demás proyectan sobre ella.
A medida que avanza, La chica más lista que conozco acompaña a Alicia en ese proceso de derrumbe de las idealizaciones juveniles. La novela retrata cómo las aspiraciones intelectuales chocan contra la realidad cotidiana, cómo el deseo de pertenecer puede convertirse en una forma de sometimiento y cómo, detrás de ciertos entornos académicos aparentemente brillantes, se esconden relaciones profundamente desiguales, egos frágiles y una enorme necesidad de validación constante.
Estilo
En cuanto al estilo, creo que La chica más lista que conozco confirma algo que ya se intuía en Los escorpiones, y es que Sara Barquinero entiende la novela no solo como un artefacto narrativo, sino también como un espacio de pensamiento. Aquí la escritura está construida desde una clara vocación analítica. No se limita a contar acontecimientos, sino que los desmonta constantemente para observar qué mecanismos emocionales, intelectuales y morales se esconden debajo de ellos.
La prosa tiene una densidad muy particular, no porque sea hermética o inaccesible, sino porque cada escena parece arrastrar consigo varias capas de reflexión simultáneas. Barquinero escribe con una sintaxis amplia, muy consciente de sí misma, donde las frases suelen avanzar a través de matices, precisiones y repliegues interiores. Hay párrafos enteros que funcionan casi como pequeñas excavaciones mentales, ideas que se corrigen, intuiciones que se desarrollan mientras se están formulando y pensamientos que nunca terminan de cerrarse del todo.
Por momentos, la novela se acerca más al tono de un ensayo filosófico que al de una narración convencional. Pero lo interesante es que esa carga teórica no aparece como un añadido externo ni como simple exhibición intelectual, sino integrada en la propia psicología de los personajes. La filosofía aquí no es decoración cultural; es el lenguaje desde el que los personajes interpretan el deseo, el poder, el consentimiento o incluso la forma en que se relacionan entre ellos.
Eso también condiciona el ritmo, ya que no avanza siguiendo una lógica de tensión narrativa clásica, sino mediante acumulación reflexiva. Hay capítulos donde apenas sucede nada en términos argumentales y, sin embargo, la sensación de profundidad psicológica continúa creciendo. Barquinero parece más interesada en capturar los procesos internos de pensamiento que en mantener una velocidad constante, y eso convierte la lectura en una experiencia exigente pero muy absorbente.
Además, me gusta cómo consigue mantener cierta frialdad analítica incluso en escenas emocionalmente incómodas. Me recordó por momentos a esa distancia quirúrgica que tienen algunas novelas de Sally Rooney, donde los personajes están atravesados por tensiones afectivas enormes, pero la escritura evita dramatizarlas de forma explícita. Todo queda más contenido, más observado que subrayado, y precisamente por eso muchas escenas terminan resultando bastante inquietantes.
Y creo que esa forma de escribir encaja perfectamente con los personajes. Alicia está construida desde la hiperconciencia, ya que analiza lo que siente, cómo la perciben los demás y qué lugar ocupa dentro de ese ecosistema universitario obsesionado con la inteligencia y el reconocimiento intelectual. Su voz interior acaba siendo casi el motor estructural de la novela.
Juan Comala, en cambio, aparece definido a través de una escritura mucho más ambigua y elusiva. Barquinero nunca termina de convertirlo en un villano evidente ni en una figura idealizada. Lo interesante del personaje está precisamente en esa oscilación constante entre carisma, mediocridad, narcisismo y vulnerabilidad. Sara evita simplificarlo, y eso hace que la relación con Alicia resulte todavía más incómoda.
El resto de personajes —Marina, Frida y el grupo de estudiantes que rodea a Alicia— terminan funcionando como prolongaciones de ese entorno universitario competitivo y hostil que atraviesa toda la novela. Hay algo casi performativo en la manera en que todos hablan, discuten y se relacionan entre sí, como si cada conversación fuese también una forma de demostrar inteligencia, ocupar espacio o establecer jerarquías invisibles dentro del grupo.
Conclusión
Al final, La chica más lista que conozco ha terminado gustándome más de lo que esperaba, y quizá también más de lo que me gustó Los escorpiones. No porque sea una novela más ambiciosa —de hecho probablemente lo sea menos—, sino porque aquí siento a Sara Barquinero escribiendo desde un lugar mucho más preciso, más maduro y emocionalmente más afinado. Hay menos necesidad de impresionar y más interés por comprender a sus personajes, por explorar sus contradicciones sin subrayados ni artificios innecesarios.
Eso no significa, ni mucho menos, que deje de recomendar Los escorpiones. Me sigue pareciendo una novela fascinante en muchos aspectos, llena de ideas enormes y momentos realmente brillantes. Pero con La chica más lista que conozco he conectado de una manera distinta. Más íntima, quizá, más literaria también.
Y creo que ahí está lo verdaderamente interesante de Sara Barquinero como autora, en la sensación de que todavía sigue moviéndose, buscando, afinando herramientas, empujando su escritura hacia lugares nuevos. Hay escritores que encuentran una fórmula y pasan años repitiéndola. Ella, en cambio, transmite justo lo contrario, la impresión de estar todavía en pleno proceso de construcción. Y sinceramente, pocas cosas me resultan más estimulantes que asistir a ese crecimiento libro a libro.
NOTA: 4,3/5
Sara Barquinero

Sara Barquinero nacida en Zaragoza en 1994 es una filósofa, escritora y artista multidisciplinaria española que ha logrado destacar en diversos campos de la creación literaria. Ha incursionado en la poesía, el teatro y la narrativa, con obras como Terminal (2020) Estaré sola y sin fiesta (2021) Los escorpiones (2024) y La chica más lista que conozco (2026), con la que ha vuelto a dejar bien claro que se trata de una de las autoras con más futuro de la actualidad. Además de su faceta literaria, Barquinero ha explorado el activismo artístico con proyectos como Siebaruaq, donde combina fanzines, caligramas y objetos literarios, utilizando el arte como una herramienta para visibilizar problemáticas sociales contemporáneas.
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