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Las mejores novelas de ciencia ficción actuales para viajar al futuro

12/06/2026
mejores novelas de ciencia ficción actuales
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    Cuando Borges conoció a Wells

    Cuando Jorge Luis Borges murió, no vio una luz al final de ningún túnel, tampoco escuchó coros celestiales ni encontró ángeles aguardando su llegada. Lo primero que percibió fue el olor de los libros, aquel aroma inconfundible a papel, cuero, tinta y tiempo que había acompañado buena parte de su vida. Sonrió y después abrió los ojos. Durante unos segundos creyó encontrarse en una biblioteca cualquiera. Luego comprendió su error, ya que aquella biblioteca no estaba construida en ningún lugar, sino que parecía construida sobre todos los lugares.

    Las galerías se elevaban hasta alturas imposibles, había puentes suspendidos que atravesaban el vacío, escaleras que desafiaban cualquier geometría, y que conectaban salas circulares con corredores que parecían perderse en la distancia. Sin embargo, lo más extraño no era su tamaño, sino su contenido. Los estantes no estaban organizados por autores, géneros o idiomas, puesto que cada sección correspondía a una época de la existencia. Allí había libros dedicados a civilizaciones desaparecidas, a reinos que nunca llegaron a existir, a decisiones que cambiaron el curso de la historia y a otras que pudieron cambiarlo y no lo hicieron.

    Borges comprendió entonces algo que le produjo una mezcla de vértigo y admiración. Había imaginado una biblioteca infinita, sin embargo la realidad había resultado más ambiciosa. Aquella era una biblioteca del tiempo. Avanzó lentamente entre los anaqueles, algunos volúmenes tenían títulos familiares, otros estaban escritos en alfabetos imposibles, muchos carecían de título, hasta que uno llamó especialmente su atención.

    LA HUMANIDAD. PASADO, PRESENTE Y FUTURO.

    Alargó la mano.

    —Ese suele ser el primero.

    La voz surgió a su espalda.

    Borges se volvió.

    El hombre que lo observaba era alto, delgado y canoso. Tenía el aspecto de un profesor que hubiese dedicado demasiados años a pensar en cuestiones imposibles. Su rostro le resultó inmediatamente familiar. Aunque no porque lo hubiera conocido, sino porque lo había leído.

    —Herbert George Wells.

    El hombre sonrió.

    —Y usted es Borges. Parece que las presentaciones están resueltas.

    —¿Es usted el bibliotecario?

    —Uno de ellos.

    —Tiene cierta lógica.

    —¿Por haber escrito sobre el futuro?

    —Por haber pasado media vida intentando visitarlo.

    —Y usted pasó la suya explorando bibliotecas imposibles.

    Wells soltó una breve carcajada.

    —Veo que una de ellas terminó por encontrarme.

    —O quizá fue usted quien terminó encontrándola.

    Borges observó nuevamente el volumen que descansaba sobre el atril.

    —¿Y dice usted que este es el primero que la gente coge?

    —La eternidad despierta muchas curiosidades, pero una suele imponerse a las demás.

    —¿Cuál?

    —Qué fue de los que dejamos atrás.

    Borges guardó silencio unos segundos. Luego abrió el volumen, las páginas comenzaron a pasar solas, sin embargo no leyó palabras, sino que vio siglos, acontecimientos, décadas enteras desfilaron ante sus ojos.

    Vio generaciones enteras dialogando a través de distancias que habrían parecido milagrosas a sus antepasados y, sin embargo, sintiéndose más solas que nunca. Vio ciudades tan extensas que parecían no terminar jamás, mientras otras desaparecían lentamente hasta convertirse en un recuerdo. Vio desiertos transformados en lugares habitables y regiones prósperas que el tiempo volvía inhóspitas. Vio millones de personas abandonar la tierra donde habían nacido para buscar otra donde pudieran vivir. Vio viejos fanatismos regresar con nombres distintos y antiguas esperanzas reaparecer bajo formas que nadie habría sabido reconocer. Vio hombres y mujeres capaces de acceder en un instante a más conocimiento del que habían reunido generaciones enteras y, al mismo tiempo, más expuestos que nunca a la confusión. Vio épocas de prosperidad que parecían anunciar una edad dorada y crisis que hacían temer el derrumbe de todo lo construido. Vio una humanidad extraordinariamente poderosa, y extraordinariamente frágil.

    Pasaron los siglos, la especie sobrevivió, cambió, tropezó, aprendió algunas lecciones, olvidó otras, construyó maravillas, destruyó maravillas y volvió a construirlas. Cuando el libro llegó a los siglos posteriores, Borges observó algo que le dolió. Las guerras no habían desaparecido, la desigualdad tampoco, ni la ambición, ni el miedo.

    Cerró el volumen lentamente y dijo:

    —Es decepcionante.

    Wells arqueó una ceja.

    —¿Qué parte?

    —Que el futuro haya cambiado tantas cosas y tan pocas al mismo tiempo.

    Wells sonrió.

    —Espere.

    Le entregó otro libro. Borges lo abrió.

    Esta vez contempló siglos enteros dedicados al arte, vio músicas que todavía no tenían nombre, lenguas nacidas de la mezcla de decenas de idiomas, nuevas formas de poesía, bibliotecas más vastas que ciudades, obras creadas por miles de personas a lo largo de generaciones, y lectores, siempre lectores, miles de millones de lectores.

    —Curioso —murmuró Borges.

    —¿Qué?

    —Sobreviven los libros.

    —No todos.

    Siguieron caminando.

    Mientras avanzaban, Borges descubrió que algunas zonas de la biblioteca eran mucho más extensas que otras. La filosofía ocupaba varios salones, la política, unos cuantos más, la ciencia llenaba galerías enteras. Pero ninguna sección se acercaba siquiera a la más vasta de todas.

    La ficción.

    Y dentro de ella, una rama se extendía como una galaxia propia.

    Miles de pasillos, millones de volúmenes, que albergaban planetas imposibles, sociedades imaginarias, viajes temporales, robots, universos paralelos, civilizaciones lejanas, sueños, pesadillas, esperanzas, advertencias.

    Borges se quedó inmóvil.

    —¿Todo esto es ciencia ficción?

    —Todo esto.

    —Es más grande que la historia.

    —Porque ayudó a construirla.

    ¿Tanta importancia tuvo?

    Wells asintió.

    —Cuando la humanidad dejó de preguntarse únicamente de dónde venía y comenzó a preguntarse hacia dónde iba, la ciencia ficción se convirtió en una de sus herramientas más valiosas.

    —¿Herramienta?

    —Sí. Los científicos construían el futuro. Los políticos discutían sobre él. Los economistas intentaban calcularlo. Pero fueron los escritores quienes enseñaron a imaginarlo.

    Borges observó aquellos anaqueles interminables.

    Allí estaban los sueños de generaciones enteras. Comprendió entonces que la ciencia ficción nunca había tratado realmente sobre naves espaciales, robots o galaxias lejanas, sino que había tratado sobre la humanidad enfrentándose a su propio reflejo.

    —Al final —dijo—, la literatura no predijo el futuro.

    —No.

    —Lo inventó.

    Borges observó los estantes durante largo rato.

    —Todo esto salió de nosotros —dijo en voz baja.

    —De lo que solemos llamar imaginación —respondió Wells.

    Borges cerró los ojos un instante.

    —Siempre se creyó que la imaginación era lo contrario de la realidad.

    —Y sin embargo —dijo Wells— fue su laboratorio más activo.

    Borges volvió a abrirlos.

    —Entonces la ciencia ficción no es un género.

    Wells negó con suavidad.

    —Es una forma de conciencia

    Y Borges comprendió que la historia de la humanidad no había sido escrita únicamente por emperadores, científicos, exploradores o gobernantes. También por hombres y mujeres que se sentaron frente a una página en blanco y se atrevieron a formular la pregunta más poderosa de todas:

    ¿Y si… ?

    Mejores novelas de ciencia ficción actuales

    Obviamente, Borges nunca despertó en una biblioteca del tiempo, supongo, ni mantuvo una conversación con H. G. Wells sobre el futuro de la humanidad, también lo supongo. Pero mientras escribía estas líneas no podía dejar de pensar en algo, y es que pocas formas de literatura han demostrado una capacidad tan asombrosa para imaginar el mañana como la ciencia ficción.

    Siempre me ha fascinado que muchos de los grandes avances, temores y dilemas de nuestro tiempo aparecieran primero en las páginas de una novela, da la impresión que algunos escritores han sido capaces de asomarse, aunque sólo fuera por un instante, a un lugar al que el resto todavía no podíamos llegar. Sin embargo, lo que más me atrae de la buena ciencia ficción no son las naves espaciales, los robots o las tecnologías imposibles, sino su capacidad para hablar del ser humano. Porque detrás de cada planeta lejano, de cada inteligencia artificial o de cada sociedad futura, suele esconderse una pregunta sobre nosotros mismos.

    Por eso he reunido en este artículo algunas de las mejores novelas de ciencia ficción actuales que he leído recientemente. Libros muy distintos entre sí, pero con algo en común, ya que todos me han hecho mirar un poco más lejos. Y, en algunos casos, también un poco más adentro. Si os apetece acompañarme, abramos juntos uno de esos estantes imaginarios de la biblioteca de Borges y descubramos qué futuros nos están contando hoy los mejores escritores del género.

    Proyecto Hail Mary

    portada de la novela de Andy Weir Proyecto Hail Mary. en la que sobre un fondo gris aparece el título el nombre del autor y una figura de una persona como si estuviera cayendo hacia atrás
    • Título: Proyecto Hail Mary
    • Autor: Andy Weir
    • Año de publicacion: 2021
    • Editorial: Nova
    • Páginas: 544

    Si tuviera que recomendar una única novela reciente para convencer a alguien de que la ciencia ficción puede ser inteligente, emocionante y tremendamente divertida al mismo tiempo, probablemente elegiría Proyecto Hail Mary. Andy Weir ya me había conquistado con El marciano, pero aquí creo que logra algo todavía más ambicioso, ya que toma algunos de los elementos que hicieron tan especial aquella novela —la ciencia como herramienta para resolver problemas imposibles, un protagonista ingenioso y una tensión constante— y los lleva a una escala mucho mayor.

    La historia comienza de una forma irresistible. Ryland Grace despierta solo en una nave espacial, a millones de kilómetros de la Tierra, sin recordar quién es, cómo ha llegado hasta allí ni cuál es su misión. Sus únicos compañeros son dos cadáveres. Poco a poco, mientras recupera fragmentos de memoria, descubre una verdad muy inquietante: el destino de la humanidad depende de él. Y cuanto más vamos descubriendo, más imposible parece la tarea.

    Una de las cosas que más disfruté fue precisamente la estructura de la novela. La historia alterna entre el presente, donde Ryland intenta comprender su situación y completar una misión desesperada, y una serie de recuerdos que nos revelan cómo la humanidad llegó a enfrentarse a una amenaza de extinción sin precedentes. Cada nueva pieza encaja en un rompecabezas fascinante que no deja de crecer y sorprender.

    Además, Andy Weir posee una habilidad extraordinaria para convertir conceptos científicos complejos en algo emocionante. Muchas novelas hablan de ciencia, pero pocas consiguen que resolver un problema matemático, físico o biológico resulte tan emocionante como una persecución o una batalla espacial. Aquí cada descubrimiento importa, cada hipótesis cuenta y cada error puede tener consecuencias catastróficas. Sin embargo, si la novela funciona tan bien no es únicamente por sus ideas. Funciona porque Ryland Grace es un protagonista fantástico.

    Hacía tiempo que no encontraba una voz narrativa tan cercana y entretenida. Inteligente, sarcástico, ingenioso y profundamente humano, Ryland consigue que incluso los momentos más tensos estén atravesados por un humor que nunca resulta forzado. Me encantó acompañarlo en este viaje, compartir sus dudas, sus fracasos, sus pequeñas victorias y esa mezcla constante de asombro y desesperación que lo acompaña durante toda la historia.

    También agradecí que, bajo su apariencia de gran aventura espacial, la novela conserve una dimensión profundamente humana. Habla de sacrificio, de responsabilidad, de amistad y de la capacidad de cooperar frente a desafíos que superan cualquier interés individual. Todo ello sin perder jamás el sentido del espectáculo ni la capacidad de maravillar al lector.

    Y aunque intento evitar los spoilers, diré que la novela contiene algunas de las ideas de primer contacto más memorables y emocionantes que he leído en los últimos años. Son de esas que consiguen despertar esa sensación de asombro que sólo la mejor ciencia ficción es capaz de provocar.

    Proyecto Hail Mary es una novela inteligente, adictiva y enormemente entretenida. Una historia que combina misterio, exploración espacial, humor, ciencia y emoción con una naturalidad admirable. De esas lecturas que uno empieza con curiosidad y termina recomendando a todo el mundo. Porque pocas cosas disfruto más como lector que encontrar un libro capaz de hacerme pensar, emocionarme y divertirme a partes iguales. Y éste lo consiguió desde la primera página.

    Saltonautas

    portada de la novela de Haq Jingfang en la que sobre un fondo rosa se observa tres astronautas
    • Título: Saltonautas
    • Autor: Hao Jingfang
    • Año de publicacion: 2024
    • Editorial: Nova
    • Páginas: 448

    La trama podría recordar a una clásica historia de primer contacto. En un futuro marcado por las tensiones entre dos grandes bloques de poder —la Liga del Pacífico y la Alianza Atlántica—, tres jóvenes científicos descubren indicios de que una inteligencia extraterrestre se dirige hacia nuestro sistema solar. A partir de ese momento comienza una carrera por comprender el significado de unas señales misteriosas y establecer contacto antes de que el miedo, la desconfianza y los intereses militares conviertan el encuentro en una catástrofe. Sin embargo, muy pronto comprendí que Hao Jingfang estaba interesada en algo mucho más ambicioso que una simple historia de extraterrestres.

    Lo que realmente hace especial Saltonautas es la extraordinaria mezcla de disciplinas que conviven en sus páginas. Ciencia, filosofía, historia china, arqueología, cosmología, mitología y reflexión política se entrelazan constantemente hasta formar una obra que resulta tan fascinante como difícil de clasificar.

    Uno de los aspectos que más disfruté fue precisamente la sensación de estar leyendo una novela que contempla el universo desde una perspectiva diferente a la habitual. Muchas de las grandes obras de ciencia ficción que conocemos nacen de tradiciones culturales occidentales. Saltonautas, en cambio, incorpora de forma natural elementos de la historia y el pensamiento chino, lo que aporta a la narración una personalidad muy marcada y una mirada distinta sobre cuestiones tan universales como el progreso, la identidad o el lugar de la humanidad en el cosmos.

    La novela también explora temas como la desigualdad social, la organización de las sociedades futuras, las tensiones entre distintas formas de entender el mundo y, sobre todo, la búsqueda de significado en una realidad cada vez más compleja. Incluso cuando la historia se adentra en misterios cósmicos y enigmas de escala galáctica, nunca pierde de vista las preguntas humanas que laten bajo la superficie.

    Me gustó especialmente cómo la autora evita los enfrentamientos simplistas entre buenos y malos. Los personajes parten de posiciones ideológicas, científicas y personales muy diferentes, pero la novela parece mucho más interesada en explorar la posibilidad del entendimiento que en alimentar el conflicto. En cierto modo, el verdadero desafío no consiste en comunicarse con una inteligencia alienígena, sino en aprender a comunicarnos entre nosotros mismos.

    También encontré especialmente sugerente la manera en que Hao Jingfang conecta el posible contacto extraterrestre con el desarrollo histórico de la civilización humana. Es una de esas ideas que prefiero no revelar demasiado porque forma parte del placer del descubrimiento, pero que aporta a la novela una dimensión casi mítica que la diferencia de muchas otras historias del género. Además, los amantes de la ciencia ficción disfrutarán encontrando pequeños ecos y homenajes a algunas de las grandes obras que han definido el género en las últimas décadas. Hay momentos que recuerdan a la mejor tradición de la ciencia ficción china contemporánea y otros que evocan esa capacidad de asombro filosófico que convirtió ciertas novelas clásicas en experiencias inolvidables.

    Saltonautas no es una novela que destaque únicamente por la acción o por el ritmo. Su verdadera fuerza reside en las ideas que propone, en las preguntas que plantea y en la amplitud de miras con la que contempla el universo. Es una obra ambiciosa, imaginativa y profundamente reflexiva que invita al lector a levantar la vista de nuestro pequeño rincón del cosmos y preguntarse qué significado podría tener nuestra existencia dentro de una historia mucho más grande. Y pocas cosas le pido más a la buena ciencia ficción.

    La montaña en el mar

    portada de la novela la montaña en el mar en la que sobre un fondo azul se ve unas figuras negras alargadas de una forma un poco abstractas
    • Título: La montaña en el mar
    • Autor: Ray Nayler
    • Año de publicación: 2023
    • Editorial: Nova
    • Páginas: 483

    Sobre el papel, la premisa de La montaña en el mar resulta fascinante, una especie de pulpos ha desarrollado algo que hasta ahora creíamos exclusivamente humano. No sólo inteligencia, sino también lenguaje, cultura y formas propias de comunicación. Sin embargo, Ray Nayler toma esa idea y la convierte en algo mucho más ambicioso de lo que parece a simple vista.

    Lo que encontré en estas páginas no fue únicamente una historia de primer contacto con una inteligencia no humana, sino una profunda reflexión sobre la conciencia, la identidad, el lenguaje y nuestra tendencia a considerarnos la medida de todas las cosas. A medida que avanzaba la lectura, me descubrí formulándome cada vez más preguntas . ¿Qué significa realmente pensar? ¿Qué nos permite afirmar que una criatura es consciente? ¿Dónde termina la inteligencia y dónde comienza la cultura? Y quizá la más inquietante de todas, si encontráramos otra especie inteligente en nuestro propio planeta, ¿seríamos capaces de convivir con ella o intentaríamos explotarla antes de comprenderla?

    Uno de los mayores logros de la novela es que aborda todas estas cuestiones filosóficas sin convertirse nunca en un ensayo disfrazado de ficción. Al contrario, ya que la historia avanza con agilidad, los capítulos son breves y la narración posee una capacidad casi adictiva para empujarnos hacia la página siguiente. Más de una vez me sorprendí diciéndome aquello de «un capítulo más» para descubrir, una hora después, que seguía completamente atrapado en sus redes.

    Además, Nayler construye un mundo extraordinariamente tangible. Pocas novelas recientes me han resultado tan sensoriales, ya que mientras la leía podía sentir la humedad del océano, imaginar los arrecifes, escuchar el rumor constante del agua y percibir la tensión que envuelve a unos personajes atrapados entre intereses científicos, corporativos y políticos cada vez más peligrosos.

    Pero lo que terminó conquistándome fue la inteligencia con la que la novela utiliza a sus distintas formas de conciencia como espejos de la nuestra. Los pulpos, el androide Evrim, las inteligencias artificiales que gestionan enormes flotas pesqueras y los propios seres humanos forman parte de una misma conversación sobre qué significa existir, comprender el mundo y relacionarse con los demás.

    Bajo su apariencia de thriller científico y aventura futurista, La montaña en el mar es también una novela sobre el poder, sobre la diferencia entre cooperar y dominar y sobre la posibilidad de construir comunidad frente al impulso constante de controlar aquello que consideramos valioso.

    Y quizá por eso me gustó tanto, porque sus preguntas no terminan una vez que concluyes su lectura, sino que permanecen flotando en la mente como esas criaturas que habitan las profundidades del océano, invisibles durante un tiempo, pero siempre presentes. Si la buena ciencia ficción sirve para ampliar nuestra idea de lo posible, pocas novelas recientes lo consiguen de una forma tan brillante como La montaña en el mar.

    Klara y el sol

    portada de la novela klara y el sol en la que sobre un fondo amarillo aprece el título y un dibujo abstracto circular que se asemeja al sol
    • Título: Klara y el sol
    • Autor: Kazuo Ishiguro
    • Año de publicación: 2021
    • Editorial: Anagrama
    • Páginas: 311

    Cuando empecé a Klara y el sol, confieso que tardé un poco en entrar en ella. Durante sus primeras páginas tuve la sensación de estar ante una historia interesante sobre inteligencia artificial, pero nada especialmente extraordinario. Sin embargo, Ishiguro juega una partida mucho más sutil. Poco a poco, casi sin que nos demos cuenta, la novela despliega sus verdaderas cartas y acaba convirtiéndose en una de las reflexiones más hermosas y perturbadoras que he leído sobre la condición humana.

    La protagonista es Klara, una Amiga Artificial diseñada para acompañar y cuidar niños. Desde el escaparate de una tienda observa el mundo exterior con una curiosidad inagotable, tratando de comprender unos comportamientos humanos que para ella resultan tan fascinantes como desconcertantes. Y es precisamente esa mirada inocente, analítica y profundamente observadora la que convierte esta novela en algo especial.

    Porque aunque la obra se presenta como una historia de ciencia ficción, en realidad habla de cuestiones mucho más antiguas y universales. Habla del amor, de la fe, del sacrificio, de la soledad y de aquello que nos convierte en quienes somos. A través de los ojos de Klara, Ishiguro nos obliga a contemplar nuestra propia humanidad desde una perspectiva inesperada, como si alguien nos observara por primera vez e intentara descifrar qué extraña lógica gobierna nuestras vidas.

    Uno de los aspectos que más me gustó fue la enorme cantidad de preguntas que plantea sin caer en la tentación de ofrecer respuestas sencillas. La novela aborda temas tan actuales como la inteligencia artificial, la ingeniería genética o las desigualdades sociales, pero lo hace desde una elegancia poco común, puesto que prefiere sembrar dudas, obligarnos a pensar y dejarnos solos ante nuestros propios dilemas morales.

    Además, encontré en ella ciertos ecos de Nunca me abandones, otra de las grandes novelas de Ishiguro. Si aquella exploraba hasta dónde puede llegar una sociedad en nombre del progreso, Klara y el Sol parece preguntarse qué ocurrirá cuando intentemos mejorar la condición humana mediante tecnologías capaces de alterar nuestra propia naturaleza. Son novelas distintas, pero siento que dialogan entre sí como dos caras de una misma moneda. Todo ello está narrado con la prosa característica de Ishiguro, que resulta aparentemente sencilla, limpia y contenida, pero capaz de encerrar una enorme carga emocional bajo la superficie, sin excesos ni artificios.

    Por todo ello, Klara y el Sol es una de las novelas de ciencia ficción más inteligentes, emotivas y humanas que he leído en los últimos años. Y quizá esa sea su mayor virtud, ya que al terminarla tuve la sensación de haber leído una historia sobre robots, inteligencia artificial y futuros posibles, cuando en realidad ha pasado cientos de páginas reflexionando sobre algo mucho más cercano y complejo: nosotros mismos.

    Semiosis

    portada de la novela semiosis de sue buerke, en la que sobre un fondo negro se observa en especie de raiz
    • Título: Semiosis
    • Autora: Sue Burke
    • Año de publicación: 2024
    • Editorial: Plan B Publicaciones S.L.
    • Páginas: 472

    Si algo sigo buscando en la ciencia ficción es la capacidad de sorprenderme con ideas que jamás se me habrían ocurrido. Y pocas novelas recientes lo han conseguido de una forma tan original como Semiosis, la primera entrega de la trilogía de Sue Burke.

    En un futuro marcado por las crisis climáticas, las enfermedades y los conflictos que han deteriorado la vida en la Tierra, un pequeño grupo de colonos abandona nuestro planeta para fundar una nueva sociedad en un mundo lejano al que llaman Pax. Lo que esperan encontrar es una segunda oportunidad para la humanidad. Lo que encuentran es algo mucho más complejo, porque Pax no está deshabitado, ni siquiera en el sentido más inesperado de la palabra.

    La gran idea de Semiosis gira en torno a una pregunta tan sencilla como brillante: ¿qué ocurriría si las plantas fueran inteligentes? No sólo inteligentes, sino capaces de comunicarse, de planificar, de aprender y de desarrollar objetivos propios. A partir de esa premisa, Sue Burke construye una de las formas de vida alienígena más originales que he encontrado en la ciencia ficción reciente.

    Lo que más me gustó de la novela fue precisamente cómo aborda el concepto de primer contacto, un encuentro con la inteligencia alienígena que surge de un modo gradual, extraña y profundamente desconcertante, obligando a los colonos a replantearse muchas de sus ideas sobre la conciencia, la comunicación y su lugar dentro del ecosistema de un mundo que no les pertenece.

    Además, la estructura de la novela me pareció especialmente interesante, ya que la historia avanza a lo largo de varias generaciones de colonos, permitiéndonos observar cómo evolucionan tanto la sociedad humana como su relación con el planeta. Cada nueva generación hereda los errores, los logros y los prejuicios de la anterior, algo que convierte la novela en una reflexión muy sugerente sobre la construcción de las culturas y la transmisión de las ideas a lo largo del tiempo.

    Bajo esa superficie de aventura planetaria y exploración alienígena encontré también una obra profundamente interesada en la sociología, puesto que Burke reflexiona sobre los miedos humanos, los conflictos de grupo, la dificultad de construir sociedades idealistas y nuestra tendencia a interpretar cualquier forma de vida desde parámetros exclusivamente humanos. Una y otra vez, la novela nos recuerda que comprender algo verdaderamente diferente puede ser mucho más difícil de lo que imaginamos.

    También me gustó la importancia que adquiere el propio ecosistema de Pax. La autora transmite constantemente la sensación de que cada elemento del planeta está conectado con los demás y de que la supervivencia depende menos de dominar la naturaleza que de aprender a convivir con ella. En cierto modo, la novela funciona también como una reflexión ecológica sobre nuestra relación con el entorno y sobre las consecuencias de olvidar que formamos parte de sistemas mucho más amplios que nosotros mismos.

    Dicho esto, también es la novela de esta lista en la que las ideas me parecieron más poderosas que su ejecución narrativa. Hubo momentos en los que sentí que algunos personajes quedaban en segundo plano frente a los conceptos que la autora quería explorar. Sin embargo, la originalidad de su planteamiento, la riqueza de sus reflexiones y la fascinación que produce descubrir la inteligencia vegetal de Pax compensaron con creces esas pequeñas irregularidades.

    Por todo ello, recomiendo Semiosis a quienes disfrutan de la ciencia ficción de primer contacto, de las novelas centradas en la construcción de sociedades y, sobre todo, de aquellas historias que consiguen obligarnos a mirar la inteligencia, la naturaleza y a nosotros mismos desde una perspectiva completamente nueva.

    Una memoria llamada imperio

    portada de la novela una memoria llamada imperio en la que sobre un fondo negro aparece el título de la novela y una especie de trono futurista
    • Título: Una memoria llamada imperio
    • Autora: Arkady Martine
    • Año de publicación: 2024
    • Editorial: Nocturna Ediciones
    • Páginas: 480

    Muchas novelas de ciencia ficción intentan conquistarnos mediante la espectacularidad. Sin embargo, Una memoria llamada Imperio elige un camino mucho más difícil, el de seducirnos mediante la inteligencia.

    Desde sus primeras páginas me encontré completamente atrapado por una historia que combina intriga política, misterio y construcción de mundos con una naturalidad asombrosa. La premisa es sencilla. Mahit Dzmare, embajadora de una pequeña estación independiente, llega al corazón del poderoso Imperio Teixcalaán para ocupar el puesto de su predecesor, recientemente fallecido en circunstancias sospechosas. Sin embargo, lo que comienza como una investigación pronto se convierte en algo mucho más complejo.

    Me atrajo mucho la riqueza de la civilización teixcalaanlí, puesot que Arkady Martine no se limita a describir un imperio galáctico, sino que crea una cultura completa, con sus códigos sociales, sus obsesiones, sus tradiciones y su forma particular de entender el poder. A medida que avanzaba la lectura tenía la sensación de estar descubriendo una sociedad real, fascinante y profundamente contradictoria.

    Y es precisamente esa fascinación la que convierte a Mahit en una protagonista tan interesante. Porque su relación con Teixcalaán está marcada por una tensión constante, ya que por un lado admira aquella cultura brillante y sofisticada, aunque por otro, sabe que pertenece a un imperio expansionista que amenaza la independencia de su hogar. Esa contradicción atraviesa toda la novela y da lugar a algunas de sus reflexiones más interesantes.

    De hecho, bajo la apariencia de una ópera espacial, encontré una extraordinaria exploración del colonialismo, la identidad cultural y la experiencia de sentirse extranjero. Creo que cualquiera que haya vivido alguna vez lejos de su lugar de origen reconocerá algo de sí mismo en Mahit.

    A todo ello se suma una trama de conspiraciones, facciones enfrentadas y asesinatos que mantiene la tensión durante toda la lectura. La novela está llena de preguntas, secretos y maniobras políticas, pero nunca cae en la confusión ni en el exceso de complejidad. Al contrario, cada revelación amplía el mundo y aumenta el interés por descubrir qué está ocurriendo realmente tras los brillantes muros del Imperio.

    Además, agradecí que Arkady Martine apostara por una ciencia ficción donde las palabras tienen casi tanta importancia como las armas. La diplomacia, la retórica, la cultura y la capacidad de interpretar correctamente una conversación pueden resultar tan decisivas como cualquier tecnología futurista.

    Por todo ello, Una memoria llamada Imperio me pareció una de las novelas de ciencia ficción más inteligentes y absorbentes que he leído en los últimos años. Una obra que demuestra que el género puede ser tan emocionante cuando explora ideas, culturas y conflictos humanos como cuando nos lleva a los confines de la galaxia. Así que ya sabes, si disfrutas de las intrigas políticas, las civilizaciones complejas y las historias que invitan a reflexionar sobre la identidad y el poder, esta novela es una apuesta segura.

    Ruido fractal

    portada de la novela de Christopher Paolini, en la que se ve un astronauta y detras de el un agujero negro
    • Título: Ruido fractal
    • Autor: Christopher Paolini
    • Año de publicación: 2025
    • Editorial: Umbriel
    • Páginas: 352

    En Ruido Fractal la premisa me ha parecido irresistible. Una expedición descubre en un planeta aparentemente deshabitado una anomalía gigantesca, un inmenso foso circular de cincuenta kilómetros de diámetro cuya perfección geométrica descarta cualquier origen natural. Alguien lo construyó. La pregunta es quién, cuándo y, sobre todo, por qué.

    Sin embargo, aunque ese misterio es el motor de la historia, pronto comprendí que Christopher Paolini estaba interesado en algo mucho más profundo que la simple resolución de un enigma.

    El verdadero corazón de la novela es Alex Crichton, un xenobiólogo que arrastra una pérdida devastadora y que parece haber perdido también cualquier sentido de propósito. Cuando la expedición recibe la misión de investigar la anomalía de Talos VII, no sólo emprende un viaje físico a través de un planeta hostil, sino que también inicia una búsqueda mucho más íntima y dolorosa.

    A medida que avanzaba la lectura tuve la sensación de estar acompañando a un grupo de personas que caminaban hacia un misterio cósmico mientras cargaban con los fantasmas de sus propias vidas. Porque si algo hace especialmente bien esta novela es recordar que los seres humanos no dejamos atrás nuestros conflictos cuando viajamos a las estrellas. Seguimos llevando con nosotros nuestras dudas, nuestras heridas y nuestras contradicciones.

    Me gustó especialmente la tensión que existe entre los miembros de la expedición, ya que cada uno procede de entornos diferentes, posee una personalidad distinta y afronta la misión desde perspectivas casi opuestas. El resultado es una convivencia cada vez más complicada donde las amenazas no proceden únicamente del planeta desconocido o de aquello que pueda ocultarse en el interior del gigantesco agujero.

    A primera vista, Ruido Fractal parece una historia de exploración y posible primer contacto. Pero bajo esa superficie encontré una reflexión mucho más ambiciosa sobre nuestra necesidad de encontrar significado en un universo inmenso e indiferente.

    Paolini explora cuestiones que me resultaron especialmente interesantes, como la obsesión humana por descubrir qué hay más allá del horizonte, la necesidad de dejar una huella que nos sobreviva, los límites de nuestra comprensión y la arrogancia que a veces acompaña a la exploración. También plantea algo que rara vez aparece en la ciencia ficción contemporánea, como la importancia de las humanidades en una civilización cada vez más convencida de que la tecnología y la ciencia bastan para explicar el mundo.

    Y quizá por eso conecté tanto con esta novela, porque detrás de su misterio extraterrestre, de sus paisajes desolados y de su atmósfera inquietante, encontré una historia profundamente humana. Una historia sobre el duelo, la búsqueda de sentido y esa extraña necesidad que tenemos de seguir avanzando incluso cuando no sabemos exactamente qué estamos buscando.

    Si disfrutas de las expediciones espaciales, de los misterios cósmicos y de la ciencia ficción que utiliza los grandes escenarios del universo para hablar de cuestiones profundamente personales, Ruido Fractal es una lectura que merece mucho la pena. Y cuanto más se acerca uno al fondo de su abismo, más comprende que el verdadero enigma quizá nunca estuvo allí abajo, sino dentro de nosotros mismos.

    Conclusión

    Y después de todas estas lecturas sigo pensando que la ciencia ficción es uno de los géneros más fascinantes que existen. No porque prediga el futuro. La mayoría de las veces ni siquiera lo intenta. Lo que hace es algo mucho más interesante: nos obliga a imaginar posibilidades, a cuestionar certezas y a contemplar la humanidad desde perspectivas completamente nuevas. A veces a través de robots. A veces mediante civilizaciones extraterrestres. A veces gracias a pulpos, plantas inteligentes o viajeros espaciales perdidos en los confines del universo.

    Pero siempre, de una forma u otra, termina hablando de nosotros.

    —Y del pasado.

    —¿Asimov?

    —Sí.

    —¿Qué haces aquí?

    —Intentando salir de la sección de novela histórica.

    —¿Te has vuelto a perder?

    —No me he perdido. Estoy donde quiero estar.

    —Borges y Wells dicen que llevas horas allí.

    —Porque son unos exagerados.

    (Pausa.)

    —Además, alguien tiene que recordar que es muy difícil entender el futuro cuando se desconoce el pasado.

    —Eso ha sonado sospechosamente profundo.

    —Llevo toda la eternidad practicándolo.

    —¿Y qué haces exactamente en la sección de novela histórica?

    —Recomendar libros.

    —Claro.

    —No pongas esa cara. La ciencia ficción está muy bien, pero uno no puede vivir únicamente de robots, imperios galácticos e inteligencias artificiales.

    —Lo dices tú.

    —Lo digo yo.

    (Pausa.)

    —Por cierto, me comentan que tienes un artículo bastante interesante sobre novelas históricas actuales.

    —¿Eso era una recomendación?

    —No.

    —Lo parecía.

    —Entonces deja de interrumpirme y ponles el enlace.

    (Asimov desaparece refunfuñando entre los estantes.)

    Creo que voy a hacerlo. Al fin y al cabo, discutir con Isaac Asimov nunca ha sido una batalla fácil de ganar. https://vocesdelibros.com/mejores-novelas-historicas-actuales/

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