

- Título: Nocturno de Venecia
- Autor: John Banville
- Año de publicación:2026
- Editorial: Alfaguara
- Páginas: 324
La fábrica de recuerdos de John Banville
En Venecia existe un negocio del que casi nadie habla. No aparece en las guías turísticas ni en los mapas, está oculto entre una tienda de máscaras y una relojería húmeda cerca del Gran Canal. En el escaparate no hay nada salvo una frase escrita a mano:
“Fabricamos recuerdos para quienes no lograron vivirlos.”
Por un precio razonable te pueden ofrecer una infancia melancólica junto al Adriático, un amor perdido en invierno o la sensación precisa de haber sido feliz hace muchos años en una habitación iluminada por lámparas de ámbar. Los clientes salen satisfechos, algunos incluso lloran. Lo extraordinario no es que los recuerdos sean falsos es que, con el tiempo, terminan pareciendo verdaderos.
Mientras leía la última novela de John Banville pensé mucho en ese negocio imaginario. Porque pocos escritores contemporáneos han comprendido tan bien como él que la identidad humana quizá no sea más que eso, una narración cuidadosamente embellecida, una máscara que acabamos confundiendo con nuestro verdadero rostro.
En esta Venecia de aguas turbias, palacios fatigados y sombras que parecen observar desde los espejos, los personajes de Banville avanzan como seres que ya no saben del todo quiénes son ni qué parte de su pasado pertenece realmente a sus vidas y cuál ha sido inventada para poder soportarlas. Y entonces comprendemos algo preocupante, que acaso la memoria no sea el lugar donde guardamos la verdad, sino el lugar donde mejor aprendemos a deformarla.
Nocturno de Venecia
Hace un tiempo, cuando reseñé Los ahogados, confesé algo que sigo pensando, y es que mi relación con John Banville consiste en una extraña combinación de fascinación y distancia. Lo admiro profundamente, me deslumbra su manera de escribir, esa capacidad casi sobrenatural para convertir una frase en una estancia iluminada con una luz rara y melancólica. Y, sin embargo, pocas veces sus novelas terminaban de atraparme por completo. Es como contemplar una catedral maravillosa desde fuera, admirando cada piedra, cada vidriera, sin llegar nunca a entrar del todo en ella.
Incluso cuando me adentré en su etapa como Benjamin Black —de la que hablé en la reseña de Los ahogados, que podéis leer aquí: https://vocesdelibros.com/los-ahogados-benjamin-black/ — seguí sintiendo algo parecido. La prosa permanecía intacta, elegante hasta el exceso, pero las tramas a menudo parecían demasiado frágiles para sostener semejante arquitectura verbal. Es cierto que Banville escribe como los dioses, aunque a veces me da la impresión de que el misterio, los conflictos o los propios personajes quedan reducidos a meros huéspedes secundarios dentro de aquel inmenso palacio estilístico.
Y sin embargo he vuelto. Porque hay escritores a los que uno no regresa por las historias que cuentan, sino por el modo en que alteran la atmósfera del mundo mientras los leemos. Esta nueva novela me ha devuelto precisamente esa sensación, ya que otra vez me he encontrado ante un espectáculo narrativo y atmosférico de primer orden, ya que Banville vuelve a escribir como quien acaricia lentamente una herida.
¿La trama? Creo que sigue siendo el punto más débil de su literatura, puesto que hay momentos en que la historia parece difuminarse, perder densidad, quedarse suspendida más en la sugestión que en el verdadero desarrollo dramático. Pero esta vez me ha importado menos que en otras novelas suyas. Mucho menos.
Quizá porque terminé completamente absorbido por esa Venecia húmeda y espectral que Banville construye. Quizá porque acabé habitando más que leyendo la novela. O quizá porque, llegado cierto punto, comprendí que el verdadero argumento de sus libros nunca ha sido lo que ocurre, sino la lenta forma en que sus personajes se descomponen interiormente mientras intentan seguir sosteniendo la máscara de quienes creen ser.
Sinopsis
Año 1899. A las puertas de un nuevo siglo que promete transformar el mundo, el escritor inglés Evelyn Dolman viaja a Venecia junto a su esposa Laura Rensselaer, hija de un poderoso magnate estadounidense del petróleo. Ambos esperaban iniciar una vida acomodada gracias a la herencia familiar, pero la repentina muerte del patriarca y un oscuro enfrentamiento previo con su hija cambian por completo su destino, ya que Laura queda desheredada en favor de su hermana y el matrimonio se ve obligado a afrontar un futuro mucho más incierto de lo esperado.
Con la intención de recuperarse del golpe y alejarse del escándalo, la pareja decide pasar el cambio de siglo en el Palazzo Dioscuri, un antiguo palacio veneciano propiedad de un conde tan refinado como inquietante. Allí, entre pasillos laberínticos, habitaciones cargadas de humedad y una ciudad cubierta por la niebla, Evelyn empieza a percibir que algo no termina de encajar del todo.
Venecia se convierte entonces en mucho más que un escenario. La ciudad, decadente y espectral, parece empujar lentamente a los personajes hacia una red de secretos, sospechas y tensiones soterradas. Durante una de sus salidas nocturnas, Evelyn se reencuentra con un supuesto antiguo compañero de colegio y conoce a la misteriosa hermana de este, cuya presencia acabará alterando profundamente el delicado equilibrio emocional del protagonista.
A partir de ese momento, John Banville va construyendo una historia donde la intriga avanza de forma sutil, casi hipnótica, dejando que las sospechas crezcan poco a poco entre conversaciones ambiguas y relaciones marcadas por la manipulación, el deseo y la mentira. Como ocurre en las mejores novelas góticas, el peligro rara vez se muestra de frente, pero permanece escondido en las sombras, aguardando el momento adecuado para revelarse.
Con ecos de Henry James, Conrad o Patricia Highsmith, Nocturno de Venecia mezcla elegancia literaria, tensión psicológica y atmósfera decadente en una novela donde cada personaje parece ocultar algo y donde la propia ciudad termina funcionando como un espejo deformado de las obsesiones, inseguridades y ambiciones de quienes la habitan.
Estilo
Si algo vuelve a confirmar Nocturno de Venecia es que John Banville posee una de las prosas más reconocibles, sofisticadas y sensoriales de la literatura contemporánea Banville, parece obsesionado con convertir cada frase en un objeto cuidadosamente trabajado. Su escritura avanza con una lentitud deliberada, sinuosa y envolvente, que nos obliga a detenernos constantemente en los matices, en los ritmos internos de las frases, en las pequeñas vibraciones emocionales escondidas bajo cada diálogo o descripción.
Aquí vuelve a desplegar esa prosa densa y casi hipnótica que tan fácilmente puede fascinar o desesperar dependiendo del lector. A mí me produjo esa sensación tan característica de Banville, la de estar leyendo a alguien que posee una conciencia absoluta del lenguaje y que rara vez se permite un descuido estilístico. Incluso en los pasajes aparentemente más sencillos hay una precisión casi obsesiva en la elección de las palabras, como si todo hubiera sido calibrado al milímetro para generar una atmósfera concreta.
Y precisamente la atmósfera es uno de los grandes triunfos de la novela, puesto que Banville convierte Venecia en una experiencia sensorial continua. Todo parece diseñado para que no solo veamos la ciudad, sino que quedemos atrapados dentro de ella. La Venecia de Banville no funciona como un mero decorado elegante, sino como una extensión física y psicológica de los personajes.
La novela está narrada además por Evelyn Dolman, y creo que gran parte de la incomodidad fascinante del libro nace precisamente de esa elección. Dolman es un narrador profundamente poco fiable, ya que resulta vanidoso, inseguro, resentido, emocionalmente torpe y constantemente preocupado por la imagen que proyecta de sí mismo. Banville no intenta convertirlo en alguien simpático ni heroico. Más bien al contrario. Lo interesante es observar cómo su mirada va deformando poco a poco la realidad, cómo interpreta los gestos ajenos desde sus propias inseguridades y cómo termina atrapado en una red de sospechas, deseos y manipulaciones que quizá jamás llega a comprender del todo.
Eso le da al relato un tono frío, ambiguo y ligeramente claustrofóbico que me ha parecido uno de sus mayores aciertos. Nunca sabemos con absoluta certeza cuánto hay de verdad en lo que Dolman cuenta. Y esa incertidumbre termina impregnando toda la novela de una sensación constante de amenaza silenciosa.
También me ha parecido especialmente interesante la forma en que Banville mezcla aquí dos territorios que lleva años explorando por separado. Por un lado aparece el estilista exquisito y reflexivo de sus novelas más literarias, heredero evidente de Henry James o Nabokov, obsesionado con la psicología, la percepción y las grietas interiores de sus personajes. Por otro, asoma el narrador atraído por el misterio, por las atmósferas turbias, por los secretos y las tensiones ocultas que tantas veces ha explorado bajo el nombre de Benjamin Black.
El resultado es una novela que se mueve constantemente entre el thriller psicológico, la novela gótica y la alta literatura sin terminar de pertenecer del todo a ninguno de esos territorios. Banville introduce elementos reconocibles del gótico clásico, pero los utiliza desde una sensibilidad mucho más moderna y psicológica, donde los verdaderos fantasmas nacen del deseo, la culpa y la manipulación emocional.
Y aunque el ritmo pueda parecer pausado, incluso exigente por momentos, creo que forma parte esencial de la propuesta. Creo que Banville no escribe para que devoremos las páginas compulsivamente buscando respuestas inmediatas, sino para que permanezcamos suspendido dentro de esa extraña sensación de belleza decadente que envuelve toda la novela.
Conclusión
Después de varios libros de John Banville he llegado a una conclusión bastante sencilla, y es que llevaba años leyéndolo de la forma equivocada. Esperaba que sus historias sostuvieran el mismo peso que su prosa, esperaba que las tramas estuvieran a la altura de las frases, esperaba salir de sus novelas impresionado por lo que ocurría. Y quizá por eso siempre terminaba admirándolo más de lo que llegaba a disfrutarlo.
Con Nocturno de Venecia me ha sucedido algo distinto.
La trama sigue teniendo para mí algunas de las debilidades habituales de su literatura. Hay momentos en que la historia parece difuminarse y ceder protagonismo a otras cosas. Pero esta vez he dejado de considerarlo un defecto para empezar a verlo como una declaración de intenciones. Porque Banville no parece especialmente interesado en construir mecanismos perfectos. Lo que le interesa son otra cosas como la memoria, la identidad, el autoengaño, la belleza de las máscaras que fabricamos para sobrevivir y la lenta erosión que el tiempo ejerce sobre ellas. Y ahí sigue siendo extraordinario.
Por eso recomendaría Nocturno de Venecia sin demasiadas reservas, pero también con una pequeña advertencia. Quien se acerque a esta novela buscando únicamente un thriller encontrará probablemente opciones más contundentes. Quien busque una historia que avance a toda velocidad quizá se impaciente. Pero quien disfrute de las atmósferas densas, de los personajes ambiguos, de los narradores poco fiables y de una prosa capaz de convertir una ciudad entera en un estado del alma, encontrará aquí mucho que celebrar.
De hecho, creo que esa es la mejor manera de acercarse no solo a esta novela, sino a John Banville en general, no preguntarse tanto qué va a ocurrir a continuación, sino preguntarse más bien qué sensación va a dejar la siguiente página.
Porque cuando cierro un libro suyo rara vez me acompaña el recuerdo de una revelación argumental. Lo que permanece son otras cosas. En este caso, la niebla sobre los canales, los espejos, las sombras del Palazzo Dioscuri y la sospecha de que todos, igual que los personajes de Banville, vivimos rodeados de historias que hemos acabado confundiendo con la verdad. Y si una novela consigue que siga pensando en ella cuando ya la he terminado, para mí ha hecho gran parte de su trabajo.
NOTA:4,3/5
John Banville

John Banville nació el 8 de diciembre de 1945 en Wexford, Irlanda. Está considerado uno de los escritores irlandeses más importantes de las últimas décadas y ha desarrollado una extensa trayectoria como novelista, periodista y crítico literario.
A lo largo de su carrera ha publicado más de veinte novelas, además de varias obras firmadas bajo el seudónimo Benjamin Black. Su prestigio internacional quedó especialmente consolidado en 2005, cuando obtuvo el prestigioso Premio Booker por El mar, una de sus obras más reconocidas.
Entre otros galardones destacados figuran el Premio Franz Kafka (2011), el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (2014) y numerosos reconocimientos por el conjunto de su trayectoria literaria. En 2022 fue nombrado miembro de la Royal Society of Literature dentro de su programa International Writers.
Traducido a decenas de idiomas y leído en todo el mundo, Banville ocupa un lugar destacado dentro de la literatura contemporánea y es considerado una de las voces fundamentales de las letras irlandesas de los siglos XX y XXI.
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