Skip to content

14 novelas para Halloween. Los mejores libros de horror y misterio.

14/10/2026
Index

    14 novelas para Halloween, cuando la literatura aprende a tener miedo

    Existe algo ligeramente desconcertante en el hecho de que una celebración cuyos orígenes se hunden hace siglos en los márgenes de Europa, vinculada al final del ciclo agrícola, a la llegada de las noches largas y a la extraña compañía de los muertos, haya terminado convertida en una de las fiestas más reconocibles del planeta, hasta el punto de que una persona pueda comprar una máscara fabricada en China, una calabaza decorativa diseñada en California y unos caramelos producidos en Estepona para participar, quizá sin saberlo, en una tradición cuyos orígenes se hunden en un territorio mucho más antiguo y mucho más oscuro que el de las actuales campañas publicitarias.

    Para encontrar el principio de esta historia tenemos que retroceder más de dos mil años, hasta las antiguas sociedades gaélicas de Irlanda y Escocia, hasta un tiempo en el que el calendario no era una abstracción colgada de la pared de una cocina y los cambios de estación tenían consecuencias mucho más concretas sobre la vida de las personas. Samhain señalaba el final del ciclo agrícola y pastoral y el comienzo de la estación oscura, alrededor del 1 de noviembre según nuestro calendario actual, y funcionaba también como una frontera entre un año y el siguiente. Las fuentes históricas no permiten reconstruir con absoluta seguridad todos los rituales que acompañaban aquella celebración, algo que conviene recordar porque la historia de Halloween ha acumulado con los siglos una cantidad considerable de reconstrucciones posteriores, pero sí sabemos que el periodo quedó asociado en la tradición gaélica con hogueras, reuniones comunitarias y creencias relacionadas con seres sobrenaturales y con los muertos.

    La idea resulta bastante comprensible si se contempla desde la mentalidad de quienes vivían entonces, puesto que el año agrícola había llegado a su final, los animales debían prepararse para el invierno, la luz comenzaba a escasear y el paisaje que durante los meses anteriores había proporcionado alimento empezaba a adquirir otra apariencia. En torno a esa transición se desarrolló la creencia de que el límite entre el mundo de los vivos y el de los seres sobrenaturales podía volverse más permeable, una idea que acabaría dejando una huella profunda en las costumbres posteriores de Halloween.

    Aquello que hoy identificamos con los disfraces tiene también una historia más antigua de lo que parece. Las tradiciones relacionadas con Samhain y, posteriormente, con Halloween incorporaron prácticas de disfraz o guising, especialmente documentadas en Irlanda y Escocia, en las que las personas se caracterizaban para participar en las celebraciones y, según las interpretaciones tradicionales, para confundirse con los seres sobrenaturales que se creía que podían circular durante aquella noche. La costumbre de ir de casa en casa pidiendo comida tampoco apareció de repente en un supermercado estadounidense, ya que en la Europa medieval existieron prácticas como el souling, en las que pobres y niños recibían alimentos o dinero a cambio de oraciones por los difuntos, mientras que en Escocia e Irlanda se desarrolló el guising, más próximo a la costumbre posterior de ofrecer una actuación a cambio de un regalo.

    Resulta difícil no encontrar cierta ironía en el camino que lleva desde aquellas prácticas hasta el actual “truco o trato”. Durante siglos hubo personas que recorrían las casas pidiendo comida mientras prometían oraciones, canciones o alguna forma de entretenimiento, varios siglos después, los niños llamarían a la puerta de un vecino disfrazados de vampiro, bruja o personaje de
    dibujos animados para obtener una bolsa de caramelos. La humanidad había conseguido transformar una antigua relación entre los vivos y los muertos en una negociación entre un niño disfrazado de Spiderman y un adulto especialmente interesado en que esa noche la decoración de su jardín termine intacta.

    Durante mucho tiempo, además, Halloween tuvo poco que ver con la calabaza que hoy parece su emblema inevitable, ya que en Irlanda se tallaban nabos y otras raíces para fabricar linternas, y estas costumbres quedaron vinculadas posteriormente a la leyenda de Stingy Jack, el personaje condenado a vagar eternamente entre este mundo y el otro con una brasa encerrada en un nabo. Cuando los inmigrantes irlandeses llevaron sus tradiciones a Estados Unidos durante el siglo XIX, encontraron en las calabazas un material mucho más abundante y manejable, de modo que el nabo fue perdiendo terreno frente a una hortaliza que, sin haberlo sospechado nunca, estaba destinada a convertirse en el rostro oficial de una de las fiestas más comerciales del planeta.

    También fue en Estados Unidos donde Halloween comenzó a adquirir buena parte de la personalidad que reconocemos actualmente. Las comunidades irlandesas y escocesas llevaron consigo sus costumbres durante las grandes oleadas migratorias del siglo XIX, aquellas tradiciones se mezclaron con otras celebraciones y con las peculiaridades de la sociedad norteamericana, y durante el siglo XX el truco o trato fue consolidándose hasta convertirse en una práctica infantil masiva. La fórmula que hoy parece inseparable de Halloween no se popularizó realmente hasta después de la Segunda Guerra Mundial, cuando el final del racionamiento del azúcar, el crecimiento de los suburbios y la disponibilidad de caramelos envueltos individualmente ayudaron a convertir aquella costumbre en una institución doméstica perfectamente organizada.

    Resulta casi inevitable detenerse aquí un momento, porque la transformación tiene algo de fábula sobre la propia cultura occidental. Una celebración vinculada al final del ciclo agrícola y pastoral y a la inquietud ante el invierno pasó a incorporar santos y difuntos, las viejas prácticas de protección frente a los espíritus se transformaron en disfraces, las peticiones de comida se convirtieron en caramelos, los nabos cedieron ante las calabazas, las antiguas hogueras encontraron su versión doméstica en pequeñas velas y luces eléctricas, y aquella noche que durante generaciones había servido para hablar de los muertos terminó convertida en una celebración en la que los vivos se disfrazan de muertos, de monstruos y de criaturas imaginarias para divertirse durante unas horas.

    La literatura, mientras tanto, llevaba siglos haciendo algo muy parecido. Antes de que Halloween se convirtiera en una fiesta global, los seres humanos ya habían llenado sus historias de muertos que regresaban, apariciones que no encontraban descanso, criaturas que vivían al otro lado de la razón y lugares donde las leyes conocidas parecían dejar de funcionar. Las tragedias griegas habían hecho hablar a los muertos mucho antes de que existiera la novela gótica, las leyendas medievales habían poblado Europa de apariciones y demonios, Shakespeare había comprendido que un fantasma podía resultar mucho más útil para hablar de la culpa que para asustar al lector, y cuando Horace Walpole publicó El castillo de Otranto en 1764, la literatura europea empezó a construir con mayor conciencia ese territorio que acabaría llamándose gótico.

    Después llegarían Mary Shelley, Polidori, Poe, Stevenson, Henry James, Bram Stoker, Shirley Jackson y tantos otros escritores que entendieron que un monstruo literario tiene una ventaja sobre cualquier monstruo real, ya que puede representar algo. Frankenstein podía ser una criatura imposible y, al mismo tiempo, hablar de la soledad, de la responsabilidad y de los límites de la creación, Drácula podía alimentarse de sangre mientras la novela hablaba de deseo, miedo y transformación.

    Por eso las novelas que he reunido para este Halloween no forman exactamente un catálogo de fantasmas y criaturas sobrenaturales, algunas los tienen, naturalmente, porque sería un modo bastante extraño de hablar de Halloween sin ellos, otras prefieren convertir una casa, una familia, una enfermedad, una relación, una obsesión o incluso la propia conciencia en un territorio mucho más inquietante. Todas pertenecen, de una forma u otra, a esa larga tradición que comenzó alrededor de una hoguera al final del ciclo agrícola y pastoral, cruzó el Atlántico escondida en los equipajes de los inmigrantes y terminó entrando en nuestras casas convertida en calabazas, caramelos y disfraces.

    La historia de Halloween es, en cierto modo, la historia de cómo hemos aprendido a contar nuestros miedos. Estas son catorce novelas para seguir contando los miedos y seguir haciendo literatura con ellos.

    La maldición de Hill House de Shirley Jackson

    Publicada en 1959, La maldición de Hill House es probablemente la novela más conocida de Shirley Jackson y una de las referencias imprescindibles cuando hablamos de literatura de casas encantadas. El punto de partida es sencillo, el doctor Montague, interesado en los fenómenos paranormales, reúne en una antigua mansión de siniestra reputación a un pequeño grupo de personas con la intención de estudiar lo que sucede allí. Entre ellas está Eleanor, una mujer que ha pasado demasiados años cuidando de su madre y que llega a Hill House con una soledad y una fragilidad que acabarán teniendo un peso enorme en la historia.

    La novela me parece especialmente buena por la forma en que Jackson consigue que nunca resulte del todo sencillo determinar qué parte del horror procede de la casa y cuál de la mente de quienes viven en ella. Eleanor es fundamental en ese sentido, ya que su necesidad de encontrar un lugar al que pertenecer hace que Hill House adquiera poco a poco un significado mucho más profundo que el de una simple casa encantada. Y ahí empieza el verdadero descenso de la novela, en la forma en que una persona vulnerable puede acabar encontrando en aquello que la amenaza algo parecido a un refugio.

    Para mí es una novela imprescindible en una selección de lecturas para Halloween. Es terror sobrenatural, pero también una historia sobre la soledad, la salud mental y la progresiva pérdida de control. Si alguien todavía no la ha leído, esta sería una de mis primeras recomendaciones.

    Rebecca de Daphne Du Maurier

    Me parece muy perverso que una mujer muerta pueda hacer sentir a otra mujer que nunca será suficiente. Eso es Rebecca, la novela que Daphne du Maurier publicó en 1938 y que convirtió a Manderley en uno de esos lugares literarios donde la belleza y la amenaza terminan siendo prácticamente la misma cosa. La protagonista, una joven huérfana, pobre, introvertida y aterrada ante la vida, conoce a Maxim de Winter, un hombre rico y varios años mayor que ella, se casa con él y llega a Manderley. Allí empieza a comprender que aquella casa todavía pertenece a la mujer que la precedió.

    Rebecca fue la primera esposa de Maxim y, aunque está muerta cuando comienza la novela, su presencia lo ocupa todo. La protagonista, que nunca llega a tener nombre, se siente permanentemente comparada con ella y cada descubrimiento parece confirmar que jamás podrá llenar sus zapatos. Esa inseguridad está magníficamente construida, se siente una y otra vez fuera de lugar, pequeña, inadecuada, y resulta difícil no acompañarla en esa angustia mientras intenta averiguar quién fue realmente la mujer cuya ausencia pesa tanto sobre Manderley.

    Por otro lado nos encontramos con la señora Danvers, la ama de llaves de la casa y una de las personas más devotas de Rebecca. Su admiración por la antigua señora de Manderley ha adquirido una dimensión obsesiva y la llegada de la nueva esposa parece resultarle casi una ofensa. Las comparaciones, los recuerdos y los pequeños gestos de desprecio van creando un clima de tensión que Daphne du Maurier mantiene durante buena parte de la novela bajo una calma engañosa, después llegará el estallido, pero hasta entonces la sensación de amenaza no deja de crecer.

    Rebecca tiene todo lo necesario para una lectura de Halloween sin necesidad de recurrir al terror convencional, una mansión aislada, una mujer muerta que continúa gobernando la vida de los vivos, secretos, obsesiones y una protagonista que cada vez se siente más atrapada. Es una novela sobre la memoria, los celos y la necesidad de encontrar un lugar propio, pero también una historia profundamente inquietante. Rebecca está muerta y, sin embargo, nadie consigue librarse de ella… ni siquiera nosotros.

    Nuestra parte de noche de Mariana Enríquez

    Ya recomendé Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez, en el artículo dedicado a las mejores novelas de terror actuales (aquí te dejo el enlace: https://vocesdelibros.com/mejores-novelas-de-terror-actuales/), y no podía dejarla fuera de esta selección de lecturas para Halloween. Si allí me detuve especialmente en la relación entre el terror y la realidad política y social, aquí basta recordar por qué una novela de estas dimensiones sigue siendo una recomendación tan evidente, y es qué pocas veces he encontrado una mezcla tan poderosa de horror sobrenatural, violencia, enfermedad, familia y poder.

    La historia comienza con Juan y su hijo Gaspar atravesando Argentina rumbo a las cataratas de Iguazú. Juan sabe que su hijo está destinado a convertirse en médium de la Orden, una sociedad secreta que lleva generaciones intentando entrar en contacto con la Oscuridad para conseguir la inmortalidad. Lo que parece inicialmente una huida entre padre e hijo acaba abriendo una historia mucho mayor, en la que los rituales, la familia y una forma de poder heredado se van entrelazando hasta resultar difícil separar lo sobrenatural de la violencia ejercida por los propios seres humanos.

    La enfermedad, la sangre, el cansancio, la carne y el deterioro físico forman parte de la experiencia de los personajes y hacen que el horror resulte extraordinariamente físico. Y alrededor de todo ello están la dictadura argentina, las desapariciones, las diferencias de clase, el sida y una familia poderosa que pretende conservar sus privilegios incluso frente a la muerte. La Oscuridad es terrible, pero la ambición de quienes quieren utilizarla quizá lo sea todavía más.

    La novela exige tiempo y atención, su estructura se mueve por diferentes épocas y perspectivas, y buena parte de la historia de la Orden y de sus personajes se va descubriendo poco a poco. Nuestra parte de noche es una novela enorme en todos los sentidos y, para una lista de Halloween, resulta difícil encontrar una recomendación más completa, puesto que aquí encontramos ocultismo, rituales, sangre, muerte, secretos familiares y una presencia sobrenatural que atraviesa toda la historia. Y, al rededor de todo eso, un horror mucho más reconocible: el de quienes creen que el poder les da derecho a decidir sobre los demás.

    Pedro Páramo de Juan Rulfo

    Todo empieza con una promesa hecha junto a una tumba, Juan Preciado le ha prometido a su madre que irá a Comala en busca de Pedro Páramo, el hombre que la abandonó y que también es su padre. Cuando llega al pueblo, encuentra un lugar desierto, voces que parecen surgir de ninguna parte y unas historias que poco a poco empiezan a reconstruir la vida de aquel hombre y la de quienes estuvieron sometidos a él. Lo extraño es que nunca terminamos de saber con certeza quién habla, quién recuerda y quién ha muerto ya.

    Juan Rulfo publicó Pedro Páramo en 1955 y consiguió meter en poco más de cien páginas una historia que parece mucho más grande. Pedro Páramo fue un hombre despiadado y orgulloso, pero también un hombre marcado por un amor que acabó extendiendo su desgracia sobre todo lo que le rodeaba. A través de sus hijos, sus amantes, sus vecinos y los habitantes de Comala vamos descubriendo un pasado hecho de pobreza, hambre, violencia, pérdidas y muerte.

    La forma de contarla es parte esencial de su misterio, ya que Rulfo rompe el tiempo, cambia de voz, deja historias a medias y obliga a recomponer aquello que está sucediendo. Al principio puede desconcertar, pero poco a poco Comala va adquiriendo una consistencia extraña, ya que resulta ser un pueblo vacío habitado por voces, recuerdos y lamentos.

    Pedro Páramo es una novela que no necesitan asustar para resultar inquietante, su prosa tiene algo de sueño, de pesadilla y de oración dicha en voz baja, las casas abandonadas, el llano, el calor y esas voces de los muertos construyen una atmósfera que se queda dentro por mucho tiempo. Es breve, pero no sencilla, y quizá precisamente por eso admite más de una lectura. Para Halloween, pocas recomendaciones me parecen más hermosas y perturbadoras, puesto que se trata de una novela de muertos que hablan, vivos que parecen muertos y un pueblo entero incapaz de descansar.

    Frankenstein de Mary Shelley

    Victor Frankenstein quería descubrir el secreto de la vida y terminó creando aquello que más tarde desearía destruir. Mary Shelley publicó Frankenstein o el moderno Prometeo en 1818, cuando apenas tenía veinte años, y puso en el centro de su novela a un científico que consigue dar vida a una criatura formada a partir de restos humanos. El problema no es únicamente haber creado un ser monstruoso. El verdadero problema comienza cuando Victor lo contempla por primera vez y decide abandonarlo.

    La criatura no nace siendo el monstruo que todos conocemos, sino que es el rechazo, la soledad y la imposibilidad de encontrar afecto lo que va deformando su existencia. Shelley dedica buena parte de la novela a mostrarnos su sufrimiento y a plantear la pregunta de qué responsabilidad tiene quien crea una vida y después se niega a hacerse cargo de ella. Esa criatura que tanto miedo provoca también despierta compasión, y esa contradicción es una de las cosas que hacen que Frankenstein siga siendo una novela tan poderosa.

    Victor queda atrapado en las consecuencias de su experimento, lo que comenzó con curiosidad y ambición científica termina convirtiéndose en culpa, persecución y deseo de venganza. La novela tiene además ese paisaje gótico de tormentas, hielo, cementerios, montañas y lugares solitarios que tan bien encaja con Halloween, aunque debajo de toda esa oscuridad haya algo bastante más humano, como dos seres incapaces de escapar de las consecuencias de sus propias decisiones.

    Frankenstein es imprescindible en una lista de Halloween, aunque no solo por la criatura, los cadáveres o la creación de vida a partir de la muerte. Mary Shelley escribió una historia sobre el abandono, el rechazo, la responsabilidad y la necesidad de ser querido, y consiguió que el monstruo terminara siendo mucho más que un monstruo. Después de tantos años y de tantas versiones que han reducido la historia a un científico, un laboratorio y una criatura de tornillos en el cuello, volver a la novela original sigue siendo una experiencia sorprendentemente gratificante…aunque oscura.

    El obsceno pájaro de la noche de José Donoso

    El obsceno pájaro de la noche, de José Donoso, es una novela en la que la identidad parece estar siempre a punto de desaparecer. La historia gira alrededor de Humberto Peñaloza, el Mudito, un escritor frustrado que estuvo al servicio de Jerónimo de Azcoitía y que acaba atrapado entre dos espacios tan decadentes y cerrados que parecen pertenecer a otro mundo, y que son la Casa de la Chimba, habitada por ancianas, huérfanas y monjas, y La Rinconada, el lugar donde Jerónimo recluye a su hijo Boy, nacido con una deformidad monstruosa.

    A partir de ahí, Donoso abandona cualquier terreno firme, ya que la narración avanza desde la voz del Mudito y se convierte en una especie de delirio en el que las identidades se confunden, los cuerpos se transforman y los límites entre sueño, realidad y mito terminan desapareciendo. La figura del imbunche, las metamorfosis y las distintas máscaras que adopta el protagonista forman parte de esa pesadilla en la que nadie parece poder conservar una identidad estable. El Mudito quiere ser reconocido y, al mismo tiempo, parece avanzar hacia la desaparición de sí mismo.

    La Casa de la Chimba tiene una importancia enorme en esa atmósfera, las ancianas viven aferradas a fragmentos de un pasado que se desvanece, y cuando llega el momento de abandonar el lugar para trasladarse a una nueva casa, la realidad empieza a adquirir una dimensión casi religiosa y delirante.

    No se trata de una lectura fácil, hay que dejarse llevar por su lógica deformada y aceptar que en El obsceno pájaro de la noche las cosas pueden convertirse en otras cosas y una persona puede dejar de ser quien era sin que exista una frontera clara entre una cosa y la otra. Para Halloween me parece una recomendación magnífica precisamente por eso, ya que se trata de un terror extraño, enfermizo y profundamente psicológico, donde los monstruos no están separados de los personajes, sino que parecen crecer dentro de ellos. Una novela perturbadora, oscura y difícil de olvidar.

    Otra vuelta de tuerca de Henry James

    Con Otra vuelta de tuerca, Henry James no necesitó hacer uso de sangre, violencia ni criaturas monstruosas para construir una de las historias de fantasmas más inquietantes que se han escrito. En Otra vuelta de tuerca, una joven institutriz llega a una mansión de campo para hacerse cargo de dos niños, Miles y Flora. Todo parece hermoso y tranquilo al principio, pero esa paz termina cuando la protagonista comienza a percibir algo extraño en la casa y, después de contemplar a dos figuras que no deberían estar allí, empieza a sospechar que los niños también esconden algo.

    La mansión parece ir cerrándose poco a poco sobre la institutriz y la presencia de los espíritus convierte cada estancia, cada mirada y cada comportamiento de los niños en algo susceptible de ser interpretado de otra modo. No hace falta mostrar demasiado, es suficiente con la posibilidad de que algo terrible esté sucediendo para que la tensión vaya creciendo.

    Otra vuelta de tuerca puede leerse como una historia sobrenatural, pero también permite cuestionar constantemente aquello que cuenta su narradora. ¿Está viendo realmente a los muertos? ¿Son los niños víctimas de algo que no comprendemos o existe otra explicación?

    Por eso me parece una lectura especialmente apropiada para Halloween, ya que no es un terror basado en el impacto inmediato, sino en la sospecha, la atmósfera y la imposibilidad de estar completamente seguros de lo que hemos leído.

    Aura de Carlos Fuentes

    Publicada en 1962, Aura es una novela breve de Carlos Fuentes que se mueve dentro del horror gótico. Felipe Montero es un joven historiador que encuentra en el periódico un anuncio de trabajo demasiado adecuado a sus conocimientos para dejarlo pasar. Una anciana necesita que alguien ordene y escriba las memorias de su difunto marido. El encargo parece sencillo, pero la casa en la que vive Consuelo, la anciana, es un lugar detenido en el tiempo, y allí también está Aura, su joven y hermosa sobrina.

    La novela está narrada en segunda persona, una elección que produce una sensación muy peculiar, yaque no estamos observando a Felipe desde fuera, sino que seguimos sus movimientos, sus pensamientos y sus descubrimientos desde una distancia casi imposible. Poco a poco, la casa deja de parecer simplemente vieja y misteriosa y empieza a convertirse en un espacio donde las reglas de la realidad no terminan de funcionar.

    El verdadero centro de Aura está en el doble, en esa relación cada vez más inquietante entre la joven y la anciana, entre lo que vemos y lo que creemos estar viendo. Fuentes deja que la desorientación vaya creciendo hasta que las piezas comienzan a encajar de una forma tan sorprendente como perturbadora.

    Es una novela breve, gótica y profundamente extraña, de esas que conviene leer sabiendo poco y dejar que sea la propia historia la que vaya retirando lentamente el suelo bajo nuestros pies. Creo que para Halloween resulta perfecta, tenemos una casa decrépita, una mujer que parece guardar un secreto imposible, una joven que quizá no sea exactamente quien creemos y un protagonista que empieza a descubrir que entrar en aquella casa tal vez haya significado entrar en algo mucho más peligroso.

    Temporada de huracanes

    Fernanda Melchor publicó Temporada de huracanes en 2017 y desde entonces la novela se ha convertido en una lectura difícil de recomendar sin hacer alguna advertencia previa. Es un libro duro, de los que exigen cierta disposición por nuestra parte, pero también una novela extraordinariamente bien escrita. Para una selección de lecturas de Halloween me parece especialmente interesante porque toma algunos elementos que asociamos inmediatamente con el terror, como una bruja, un asesinato, supersticiones, rumores, y los conduce a un terreno mucho más real.

    La historia comienza cuando unos niños encuentran el cadáver de la Bruja flotando en un canal de riego cercano a La Matosa, un pueblo rural mexicano. La mujer había heredado de su madre el oficio de bruja y era una figura respetada y temida por los habitantes del lugar. Poco después, las sospechas recaen sobre un grupo de muchachos que habían sido vistos cerca de su casa. A partir de ese momento iremos conociendo la historia desde distintos puntos de vista, descubriendo poco a poco qué ha llevado a cada uno de ellos hasta allí.

    Lo que hace diferente a la novela es, sobre todo, la manera de contarla, ya que Melchor utiliza un lenguaje muy coloquial y unos monólogos interiores larguísimos, en los que los personajes parecen hablar sin parar, mezclando recuerdos, pensamientos y confesiones. Al principio puede resultar exigente, pero pronto ese ritmo termina formando parte de la historia. Por momentos tuve la sensación de no estar leyendo a unos personajes, sino escuchándolos hablar, con toda su crudeza y sus contradicciones.

    En Temporada de huracanes no hace falta que aparezca ningún fantasma, basta con la miseria, el deseo, la violencia y las relaciones de poder que atraviesan la vida de estos personajes. La novela tiene algo de relato de brujas, pero debajo de esa apariencia hay una historia mucho más humana y mucho más triste. Si para Halloween buscáis una lectura diferente, intensa y bastante alejada del terror convencional, esta es una de las que yo tendría en cuenta.

    Carmilla de Sheridan Le Fanu

    Publicada en 1872, Carmilla se adelantó veintiséis años a Drácula y es una de esas obras que merece la pena recuperar no solo por su importancia dentro de la literatura de vampiros, sino porque todavía conserva buena parte de su encanto. Sheridan Le Fanu sitúa la historia en un castillo aislado en los bosques de Estiria, donde Laura vive junto a su padre hasta que un extraño accidente lleva hasta su casa a una joven llamada Carmilla. Desde el primer momento hay algo en ella que atrae y desconcierta a Laura a partes iguales.

    La relación entre las dos jóvenes es, probablemente, lo que hace que la novela resulte tan especial. Carmilla no es una simple criatura que aparece por las noches para alimentarse de sus víctimas, ya que resulta seductora, misteriosa, posesiva y, sobre todo, fascinante. Entre ella y Laura se establece una relación cargada de deseo que Le Fanu desarrolla con una sutileza sorprendente para una obra del siglo XIX. Hay algo romántico en sus encuentros, pero también una amenaza que va creciendo a medida que Laura comienza a sentirse cada vez más débil.

    Leer Carmilla es entrar en un mundo de castillos, bosques, noches de luna llena, muertes inexplicables y supersticiones, pero también en una historia donde el miedo convive constantemente con la atracción. Quizá por eso Carmilla siga siendo una vampiresa tan difícil de olvidar. Es hermosa y peligrosa, y el propio relato parece compartir la fascinación que ejerce sobre quienes se acercan demasiado a ella. Para Halloween, pocas lecturas ofrecen una combinación tan perfecta de vampirismo, romanticismo gótico y deseo prohibido.

    La mujer de negro de Susan Hill

    Susan Hill ha recuperó con La mujer de negro, publicada en 1983, una tradición que parece pertenecer a otra época, la de las grandes historias de fantasmas. Un abogado joven, Arthur Kipps, llega a un pueblo remoto y rodeado de marismas para asistir al entierro de una anciana y ocuparse de sus asuntos. Lo que en principio parece un encargo rutinario terminará llevándolo hasta una historia que los habitantes del lugar prefieren no recordar.

    Y es precisamente ese pueblo, envuelto en niebla y aislado por las marismas, el que consigue que todo parezca estar ocurriendo lejos del mundo. Arthur empieza a ver a una mujer vestida de negro, pero nadie quiere explicarle quién es ni por qué su aparición provoca tanto temor. Poco a poco descubrirá que tras ella se esconde la tragedia de la muerte de un niño y el dolor de una madre que, desde entonces, parece condenada a llevar la desgracia allí donde se deja ver.

    La mujer de negro es, además, una lectura perfecta para una noche de Halloween, ya que es breve, oscura y con esa clase de atmósfera que invita a leerla cuando ya ha anochecido.

    El monje de Matthew Gregory Lewis

    atthew Gregory Lewis tenía menos de veinte años cuando escribió El monje, y quizá resulte difícil imaginar una edad más temprana para atreverse con una novela tan desmesurada. Publicada en 1796, se convirtió rápidamente en una de las obras más populares y escandalosas del gótico. Y cuando uno empieza a leerla entiende enseguida el motivo, pactos demoníacos, crímenes, incesto, violaciones, inquisición, castillos en ruinas, apariciones y una buena dosis de corrupción religiosa. Lewis no parecía demasiado interesado en contenerse y, sinceramente, esa falta de moderación es parte de su encanto.

    En el centro de todo está Ambrosio, un monje admirado por todos como ejemplo perfecto de virtud, castidad y devoción. Pero detrás de esa imagen hay bastante más vanidad de la que parece. Cuando el deseo comienza a abrirse paso, Ambrosio irá abandonando una a una las virtudes que lo habían convertido en objeto de admiración y terminará descendiendo por un camino cada vez más oscuro. Lewis no nos presenta simplemente a un hombre que se vuelve malvado, sino que asistimos paso a paso a su transformación y a las decisiones que va tomando cuando descubre que ya no quiere renunciar a aquello que desea.

    Además, El monje no se limita a seguir su historia. Lewis entrelaza diferentes personajes y tramas y aprovecha ese enorme escenario gótico para hablar de religión, poder, posición social, matrimonio, represión y deseo. Hay momentos realmente brutales y otros que hoy pueden resultar excesivos, pero precisamente ahí está buena parte de la personalidad de la novela.

    Yo lo recomendaría especialmente para Halloween porque tiene ese espíritu de exceso que asociamos con el género gótico en su estado más puro. El monje es oscuro, escabroso y por momentos verdaderamente salvaje, pero también tiene una capacidad narrativa enorme. Ambrosio es uno de esos personajes que consiguen despertar una antipatía profunda y, al mismo tiempo, obligarte a seguir leyendo para descubrir hasta dónde será capaz de llegar. Lewis escribió esta barbaridad con una juventud sorprendente, pero lo más sorprendente es que, más de dos siglos después, todavía consiga arrastrarnos detrás de ella.

    Mandíbula de Mónica Ojeda

    Mónica Ojeda publicó Mandíbula en 2018, una novela de terror que lleva el género hasta un territorio mucho más cercano y reconocible, como el de las adolescentes, las amistades llevadas al extremo y las historias de miedo que nacen y se propagan por Internet. La protagonista es una joven obsesionada con las creepypastas que despierta atada en una cabaña en medio del bosque. Su secuestradora es su propia profesora de Lengua y Literatura, pero detrás de ese secuestro hay bastante más que una venganza por el acoso que la profesora ha sufrido.

    Ojeda fusiona ese imaginario adolescente con una historia cada vez más oscura, el miedo que consumen las chicas a través de Internet, los juegos, los rituales y las historias que comparten terminan mezclándose con sus propias relaciones hasta resultar difícil distinguir dónde acaba la ficción y dónde comienza algo mucho más peligroso. Hay también un perturbador juego de deseos, rivalidades y traiciones que convierte la amistad entre las protagonistas en algo bastante más complejo de lo que parece al principio.

    Mandíbula me parece una buena elección para Halloween precisamente porque entiende que el terror también puede nacer de aquello que fascina a los jóvenes, como el inventar historias, asustarse entre ellos, buscar experiencias cada vez más intensas y comprobar hasta dónde pueden llegar. Ojeda toma todo eso y lo lleva a un lugar bastante siniestro. Si os apetece una novela de terror contemporánea, extraña y con un componente psicológico muy marcado, esta merece un sitio en la lista.

    La casa infernal de Richard Matheson

    Si hablamos de casas encantadas, pocas tienen una reputación tan terrible como la Casa Belasco. Richard Matheson construyó alrededor de ella La casa infernal, una novela publicada en 1971 que parte de una idea muy sencilla, en la que cuatro personas entran en una mansión donde todos los que han intentado investigar sus secretos antes han terminado muertos, locos o destruidos de alguna manera. Un millonario al borde de la muerte quiere descubrir qué existe realmente después de la muerte y reúne allí a un grupo formado por científicos y médiums para encontrar una respuesta.

    La novela funciona especialmente bien cuando Matheson deja que la casa vaya imponiéndose poco a poco sobre quienes la habitan. Hay una historia de violencia y depravación detrás de sus paredes, ligada a su antiguo propietario, y esa herencia parece seguir presente cuando llegan los nuevos huéspedes. A partir de ahí comienza una lucha bastante interesante entre quienes intentan encontrar una explicación racional para lo que sucede y quienes están convencidos de que están ante algo que la ciencia no puede explicar.

    Es una novela muy atmosférica, oscura y con algunas escenas realmente desagradables, de ese tipo que funcionan especialmente bien cuando se leen de noche. Matheson supo aprovechar los espacios cerrados y esa sensación de que, una vez dentro, quizá no exista una forma sencilla de salir. Mi principal problema está en el desenlace, que me pareció bastante más simple de lo que prometía todo lo anterior y termina restándole fuerza a la novela.

    Aun así, La casa infernal me parece una lectura muy apropiada para Halloween. La casa, la historia de sus antiguos habitantes, los fenómenos inexplicables y ese enfrentamiento constante entre la parapsicología y la ciencia consiguen crear una atmósfera estupenda. No es una novela perfecta, pero durante buena parte del recorrido Matheson sabe exactamente cómo hacer que uno quiera seguir recorriendo sus habitaciones.

    Despedida

    Así que estas son mis catorce propuestas para este Halloween. Algunas tienen fantasmas, otras monstruos, otras solo personas haciendo cosas que sería mejor que no hicieran, hay vampiros, brujas, casas malditas, demonios y alguna que otra criatura bastante difícil de explicar. Solo queda elegir una, apagar alguna luz y empezar a leer. Y si a mitad de la noche escucháis un ruido extraño en otra habitación, mi consejo es muy sencillo, no vayáis a comprobar qué ha sido. Para eso ya están los protagonistas de las novelas, que tienen la pésima costumbre de hacerlo siempre.

    TAL VEZ TE PUEDAN INTERESAR LOS SIGUIENTES ARTÍCULOS:

    Novelas de terror actuales: https://vocesdelibros.com/mejores-novelas-de-terror-actuales/

    Libros que Don Quijote leería hoy en día: https://vocesdelibros.com/don-quijote-los-libros-que-leeria-hoy/

    Novelas distópicas que no puedes perderte: https://vocesdelibros.com/novelas-distopicas-recomendadas/

    Aviso

    Este artículo contiene enlaces de afiliados. Si realizas un compra a través de ellos, «Voces de Libros» recibe una pequeña comisión sin coste adicional para ti. Esto me ayuda a seguir creando contenido. ¡Gracias por tu apoyo!

    Configurar