

- Título: El dios de la lluvia llora sobre México
- Autor: László Passuth
- Año de publicación: 1939
- Año de edición: Mayo 2015
- Editorial: Austral
- Páginas: 720
‘El dios de la lluvia llora sobre México’ de László Passuth. Explorando la conquista de México
Intenté comenzar esta recomendación con solemnidad, con frases medidas, como hacen los críticos que creen que la distancia es respeto. Pero el dios de la lluvia me interrumpió antes de que pudiera poner el primer punto. “¿Solemne?”, me preguntó entre un trueno y otro, “¿Acaso eso sirve para algo? Estoy cansado de solemnidades que no entienden el peso de la historia, de palabras que apenas rozan la piel de la memoria. Si quieres escribir sobre mí, primero escucha.” Y lo escuché. Escuché la lluvia caer sobre mi teclado, sobre los tejados imaginarios de un México que no existe sino en el tiempo de Passuth, sobre las piedras y los ríos que llevan siglos contando la misma historia, con distintas voces, distintos nombres, pero idéntica intensidad.
Me dice que no tema equivocarme, que la historia no es línea recta ni archivo impoluto, sino torrente, río y tempestad. “No busques la precisión fría, ni el dato seguro, ya que la verdad de lo que pasó es líquida y escapa, y solo quienes se atreven a mojarse pueden sentirla.” Y me obliga a mirar a México desde la altura de la lluvia, desde los conquistadores que traen cruces y pólvora, los pueblos que resisten y caen, los emperadores que dudan demasiado y los profetas que lloran en silencio. Me dice que Passuth no inventó nada, que él simplemente tuvo el valor de escuchar lo que otros callan y de escribirlo sin atajos ni indulgencias. La novela no es un manual de historia, sino un espejo donde se refleja la grandeza y la ruina, el poder y la vulnerabilidad, de un país que siempre parece danzar entre el cielo y la tierra.
Le pregunto si la distancia del autor —un húngaro, extranjero— resta autenticidad. Y él se ríe con un ruido que hace vibrar las ventanas. “Al contrario. La distancia le dio visión. No carga con la culpa, pero tampoco con la indiferencia. Vio lo que los propios hijos de esta tierra a veces temen mirar, como la fe que se quiebra, la violencia que se enreda con lo sagrado, la historia que sangra y se olvida demasiado pronto.” Me dice que leer esta novela es aprender a caminar bajo la lluvia sin paraguas, a sentir cada gota como un recuerdo, cada relámpago como un juicio y cada trueno como un llamado a no olvidar.
Hablamos entonces del tiempo, de la memoria y de la literatura. Me advierte que las palabras pueden ser inútiles si no se leen con la atención que merecen, que la historia es un torrente y la ficción, una barca que intenta cruzarla sin hundirse. “No subestimes la fuerza de un relato bien contado”, me dice, “porque puede abrir la puerta a la comprensión, puede hacer que sientas lo que otros solo registran como fechas en un libro. Y sobre todo”, añade con un murmullo de lluvia constante, “puede recordarte que la historia no es solo de quienes la escriben, sino de quienes la sufren y la recuerdan.”
Entonces, mientras escribo empapado por su presencia, comprendo que esta novela exige ser leída con respeto y entrega. No se puede hojear como un manual, no es un entretenimiento pasajero, es un encuentro con lo profundo, con el misterio de un país que sangra, que reza, que olvida y recuerda al mismo tiempo. El dios de la lluvia no quiere que esta reseña sea un comentario frío, sino un testimonio de lo que se siente al abrir el libro y dejar que las páginas te inunden, te incomoden y te enseñen algo que la historia por sí sola no podría transmitir.
Finalmente, me dice, como si el trueno fuera su firma, que lo que sigue —la sinopsis de la novela— no es una explicación, sino la antesala de la experiencia, un convite a entrar en su mundo, a caminar bajo la lluvia que lo cubre todo, a escuchar los relatos de México tal como Passuth los vio y los transformó en literatura. Y yo, lector mojado y cautivo de su voz, no puedo más que invitarte a abrir el libro y dejar que él, y la lluvia, te hablen.
Sinopsis
La novela de László Passuth reconstruye con amplitud y dramatismo la conquista de México, situando en el centro de la narración a Hernán Cortés, joven hidalgo extremeño que, tras formarse brevemente en Salamanca, abandona su pueblo natal en busca de fortuna en las Indias. Su ambición va más allá de las riquezas inmediatas, ya que Cortés sueña con emular a sus héroes clásicos, Julio César y Alejandro Magno, y alcanzar la gloria eterna a través de una gesta que inscriba su nombre en la Historia.
Sin embargo, sus primeros años en el Nuevo Mundo están lejos de ese ideal. En Cuba, bajo el mando del gobernador Velázquez, figura que se convertirá en su primer gran rival, Cortés enfrenta la corrupción, las intrigas políticas y el riesgo de ver truncado su destino en prisión y deshonra. Solo la obstinación y la visión de un horizonte mayor lo impulsan a organizar, casi contra toda lógica, la expedición que lo llevará a la costa mexicana, poniendo en juego su prestigio y hasta su fortuna personal.
En el continente, las primeras escaramuzas en Tabasco abren un camino inesperado, es allí donde Cortés conoce a Malinalli (Malinche), joven indígena que será clave en su aventura. Amante, traductora y consejera, Malinalli encarna el puente entre dos mundos que apenas comienzan a enfrentarse. Su presencia otorga a la narración un contrapunto íntimo y humano en medio de la violencia de la conquista.
Con ella a su lado, Cortés fundaVeracruz y crea alianzas con los tlaxcaltecas, pueblos enemigos de los mexicas. Paso a paso, su ejército, formado por españoles y guerreros indígenas aliados, se interna en territorio hostil, apoyándose en la creencia extendida entre los nativos de que su llegada cumple antiguos presagios. Esta marcha desemboca en el encuentro con Moctezuma, emperador de los mexicas y el segundo gran protagonista de la novela.
El choque entre ambos es el núcleo dramático de la obra. Passuth contrapone a un conquistador audaz, pragmático y hambriento de gloria con un soberano atrapado entre la tradición, la duda y los augurios de su religión. En el centro de este enfrentamiento, Malinalli representa tanto la mediación cultural como la fragilidad del ser humano frente a fuerzas históricas que lo sobrepasan.
La relación entre Cortés y Moctezuma se desarrolla en un clima de tensiones crecientes, hasta que el frágil equilibrio se rompe. La muerte del emperador mexica, envuelta en confusiones y traiciones, enciende la furia del pueblo contra los invasores. Lo que sigue es una de las secuencias más intensas de la narración: la Noche Triste, la huida desesperada de los españoles, la sangrienta persecución y la difícil supervivencia hasta alcanzar Tlaxcala.
Lejos de significar el fin, este desastre marca el inicio de la campaña más implacable que es el sitio de Tenochtitlán. La novela detalla con precisión y dramatismo el asedio que termina por rendir a la ciudad más poderosa de Mesoamérica, sellando el destino del imperio mexica y consolidando el asentamiento de España en el Nuevo Mundo.
A través de una galería de personajes secundarios, compuesta por soldados, religiosos, funcionarios, aliados indígenas y enemigos implacables, Passuth construye un fresco histórico en el que la conquista no es solo el relato de una victoria militar, sino también un drama humano marcado por la ambición, la fe, la traición y la esperanza. En el fondo, todo gravita alrededor de la relación triangular entre Cortés, Moctezuma y Malinalli, el conquistador que persigue gloria, el emperador que vacila ante el destino y la mujer que, desde su posición intermedia, sostiene el frágil puente entre dos civilizaciones.
El estilo de Passuth
Passuth escribe desde una tercera persona omnisciente, con un estilo detallado e introspectivo que combina la solidez de la investigación histórica con la cadencia de una prosa literaria casi poética. Su narración es elegante, profunda y sugerente, ya que no impone juicios, sino que insinúa y abre espacio para que el lector saque sus propias conclusiones.
La obra se caracteriza por un equilibrio entre contundencia e imparcialidadm y en la que Passuth no rehúye la violencia de la conquista, sino que describe con crudeza las matanzas perpetradas tanto por los españoles como por los mexicas, sin reducir el relato a un esquema de “buenos” y “malos”. Esa mirada imparcial, sostenida por un lenguaje cuidado y en ocasiones lírico, convierte a la novela en una experiencia doble, por un lado, un retrato histórico vigoroso, por otro, una obra literaria con momentos de gran belleza estética.
Entre sus mayores aciertos está la capacidad de situarnos en un mundo radicalmente distinto al actual, un universo regido por valores de honor, religión y aventura en el que la vida podía perderse en cualquier momento, y donde el fin de una civilización aparece narrado con la misma fuerza épica que conmovida despedida.
Personajes
La novela se sostiene en un tríptico fundamental: Hernán Cortés, Malinalli y Moctezuma, cada uno de ellos presentado con hondura y matices que rehúyen el maniqueísmo.
- Hernán Cortés: aunque Passuth recoge elementos de la figura histórica tradicional, se aparta del retrato heroico y ofrece un conquistador complejo, al que nos presenta como un hombre convencido de estar cumpliendo la voluntad de Dios, pero sin caer en un fanatismo ciego. Cortés ama las tierras y pueblos que descubre, al tiempo que los considera atrapados en la barbarie del paganismo y los sacrificios humanos. Su misión es doble, la de redimir a los indios mediante la fe cristiana y, a la vez, ponerlos bajo la protección del emperador Carlos. Lejos de la hipocresía, aparece como un humanista convencido que lucha contra los abusos de muchos españoles que no comparten su visión casi mística de la Conquista.
- Malinalli (Malinche): Passuth la construye como un personaje de gran riqueza emocional, mezcla de empatía, ternura y decisión. Intérprete, amante e inspiración de Cortés, Malinalli se convierte en el verdadero puente entre españoles y mexicas. Su origen indígena se narra en un breve relato que introduce la voz de los pueblos sometidos a la tiranía de Tenochtitlán, lo que permite al autor alternar perspectivas culturales sin caer en juicios simplistas. A través de ella, la narración salta de un mundo al otro con naturalidad, revelando la conquista como un proceso atravesado también por lo íntimo y lo humano.
- Moctezuma: encarna la figura más trágica de la novela. Atado a las tradiciones de su pueblo, donde el emperador era el pilar del sistema religioso y político, Moctezuma se ve paralizado entre el deber de resistir y la convicción, alimentada por profecías, de que los españoles son enviados de Quetzalcóatl. Sus dudas lo arrastran a la sumisión, aceptando a Carlos como soberano, incluso cuando entre su gente crecen la ira y el miedo hacia los recién llegados. En él se concentran las tensiones de un mundo que presiente su final.
A través de estas tres figuras y de una multitud de personajes secundarios, Passuth despliega los contrastes entre creencias, valores y modos de vida de dos civilizaciones, y nos revela tanto la grandeza como las fisuras que llevaron al derrumbe del imperio mexica.
Opinión
Lo que más me impresionó al leer El dios de la lluvia llora sobre México es que me recordó lo que la novela histórica debería ser y lo lejos que muchas veces se encuentra hoy en día de ese ideal. Tengo la sensación de que gran parte de la narrativa histórica contemporánea ha caído en la trampa de la simplificación, relatos cómodos de buenos contra malos y tramas diseñadas más para tranquilizar la conciencia moderna que para explorar la densidad del pasado. Se habla de “rescate de la memoria”, pero lo que se entrega al lector con frecuencia son versiones suavizadas, digeribles, ajustadas al molde de lo políticamente correcto. En ese panorama, la obra de Passuth brilla con una fuerza particular.
Aquí no hay un relato diseñado para agradar, ni personajes maniqueos que encajen en categorías fáciles. Passuth se atreve a mostrar la ambigüedad moral de la Conquista, sin esconder las sangrías cometidas por españoles ni los horrores rituales de los mexicas. Al leer, me encontré en un terreno incómodo, sin la seguridad de poder señalar con el dedo y decir “estos son los verdugos” y “estos, las víctimas”. Y esa incomodidad me parece profundamente valiosa, porque me obliga a pensar la historia como lo que fue, un cruce brutal de mundos, de intereses, de visiones, en el que nadie podía salir indemne.
En lo personal, agradezco que Passuth me permita entrar en contacto con una humanidad radicalmente distinta de la nuestra. Esa humanidad que hoy nos resulta casi ajena, de hombres que creían en augurios y dioses con el mismo fervor con que hoy creemos en datos o ideologías, pueblos que aceptaban el sacrificio humano como parte natural del orden cósmico, conquistadores convencidos de redimir almas por medio de la fe al mismo tiempo que ansiaban riquezas y honores. Todo ello resulta extraño, pero al mismo tiempo cercano, porque en medio de esas diferencias brilla algo que sigue siendo nuestro, la ambición, el miedo, la esperanza, la fragilidad.
Comparada con tanta novela histórica actual, que prefiere convertir el pasado en un decorado para aventuras de consumo rápido, El dios de la lluvia llora sobre México me parece una lección de honestidad literaria. Passuth no busca ofrecernos héroes con los que identificarnos ni villanos contra los que indignarse, ofrece, en cambio, un espejo áspero en el que se ve reflejada la complejidad de lo humano. Y aunque algunos podrían objetar que no siempre es puntual o que rellena huecos con ficción, creo que eso es lo de menos. Lo importante es la manera en que logra hacernos sentir el peso de la historia, sumergirnos en un mundo desaparecido y obligarnos a reflexionar sobre lo que significa ser humano en medio de la violencia, la fe y la incertidumbre.
Para mí, esa es la verdadera fuerza de esta novela. No entrega una moraleja ni un veredicto fácil, sino una experiencia de lectura que nos coloca bajo la lluvia de la historia, sin resguardo, y en un tiempo en que tantas novelas históricas parecen escritas para confirmarnos en nuestras certezas, agradezco todavía más una obra que, como esta, incomoda, hace dudar, y al mismo tiempo conmueve.
László Passuth

László Passuth (1900–1979) fue un destacado escritor y traductor húngaro, especializado en novelas históricas. Su formación en Derecho y su trabajo en traducción le permitieron combinar un profundo conocimiento cultural con una narrativa precisa y rigurosa. Tras viajar a España en 1933, desarrolló un particular interés por la historia y la cultura ibéricas, que marcó buena parte de su obra.
Passuth se distinguió por su habilidad para recrear épocas y personajes históricos con gran detalle y fidelidad, logrando un equilibrio entre la documentación rigurosa y la narrativa amena. A lo largo de su carrera, superó obstáculos como la censura durante el régimen comunista en Hungría, dejando un legado literario sólido con obras como, Más perenne que el bronce y Rávena fue la tumba de Roma, además de la aquí recomendada, y que consolidaron su reputación en la novela histórica europea
Aviso
Este artículo contiene enlaces de afiliados. Si realizas un compra a través de ellos, «Voces de Libros» recibe una pequeña comisión sin coste adicional para ti. Esto me ayuda a seguir creando contenido. ¡Gracias por tu apoyo!