

- Título: El secreto de Marcial
- Autor: Jorge Fernández Díaz
- Publicación: 2025
- Editorial: Ediciones Destino
- Páginas: 256
El secreto de Marcial: cine, infancia y los misterios del pasado.
No sé en qué momento exacto dejamos de hacerlo. Supongo que ocurrió como pasan muchas cosas en la infancia, sin avisos, sin que uno sea del todo consciente de que está ocurriendo. Simplemente, un día no fuimos, y al siguiente tampoco, y cuando quise darme cuenta, aquel ritual de los viernes ya pertenecía al territorio de las cosas que alguna vez fueron.
Tenía ocho o nueve años. Durante un tiempo —dos años, quizá algo más—, los viernes seguían siempre el mismo itinerario. Salia del colegio, llegaba a casa, y me iba con mi madre a hacer la compra de la semana. Era un trámite, pero yo lo vivía con la impaciencia de quien sabe que después viene lo importante. Porque después venía el videoclub.
Recuerdo el frío de la calle al entrar y el aire enrarecido del local, el tintineo de la puerta al abrirse, el sonido amortiguado de la moqueta. Sabíamos perfectamente el orden del ritual: primero escogíamos las películas, dos tesoros rescatados de los estantes, y luego, al llevarlas al mostrador, nos esperaban, como siempre, los regalices rojos, pacientes y cómplices, dispuestos a endulzar y compartir con nosotros esas veladas que, sin saberlo, se iban acumulando en la memoria con una luz propia, tenue pero inolvidable.
Luego, en casa, con mi padre ya sentado en el sofá, apagábamos las luces y la noche se convertía en cine. Había algo en aquellos momentos que iba más allá de las películas en sí. Era la atmósfera, la sensación de estar juntos, de compartir imágenes que, aunque no lo sabíamos, iban a quedarse con nosotros. Y yo, sin darme cuenta, empecé a asociar ciertas películas a un tipo de calor que nada tenía que ver con la calefacción.
Y después, sin hacer ruido, todo cambió. Los viernes se llenaron de otras cosas y aquel ritual quedó sepultado bajo las losas del tiempo. Tal vez hacía quince o veinte años que no paseaba por esos recuerdos, hasta ahora. Hasta esta novela.
Porque hay libros que cuentan una historia, y hay libros que despiertan otras. El secreto de Marcial no solo me ha hecho recordar aquellas películas, sino la emoción exacta con la que las vi por primera vez. Y en ese proceso, en esa vuelta involuntaria a una parte de mi infancia, he comprendido que ciertos recuerdos no están realmente perdidos, tan solo necesitan la chispa adecuada para encenderse de nuevo.
El tejido de la memoria y el cine.
Algunas vidas no se cuentan, se proyectan. El secreto de Marcial no es una historia con principio y fin definidos, sino un caleidoscopio de recuerdos, sensaciones y escenas que el narrador reconstruye con la precisión de un director de cine montando su película más personal. La infancia, la migración, los silencios familiares y la incertidumbre del futuro se filtran a través de la pantalla de los clásicos de Hollywood, que no solo entretienen, sino que ofrecen claves para descifrar la realidad.
Jorge Fernández Díaz construye su relato con la naturalidad de quien hojea un álbum de fotos antiguas, en el que cada imagen es un fragmento de una historia mayor. El narrador observa su pasado a través del filtro del cine, asociando momentos cruciales con películas que marcaron su vida. Clark Gable y Ava Gardner no son solo mitos de celuloide, son testigos involuntarios de su crecimiento, de sus primeras dudas, de sus sueños y de la nostalgia de quienes, como sus padres, dejaron todo atrás para empezar de nuevo en un país desconocido.
Infancia, recuerdos y cine.
Pero esta no es solo la historia de un hombre que recuerda su infancia y su relación con su padre, sino también la de toda una generación de inmigrantes que cargaban con la herencia de la Guerra Civil y el peso de su identidad a cuestas, mientras intentaban reconstruirse en una tierra nueva, hostil a ratos, generosa en otros.
El protagonista, entre relatos familiares, recuerdos de vivencias y tardes de cine, va armando un retrato en el que la nostalgia no es solo una forma de mirar al pasado, sino también una herramienta para comprender el presente. Su padre, Marcial, se nos presenta como una figura esquiva, de silencios calculados y secretos soterrados. Hay en él algo de esos héroes trágicos de las películas que el narrador devoraba en su infancia, hombres de gesto adusto y mirada insondable, que esconden cicatrices que solo al final de la historia se nos revelan.
Pero si el relato de una familia inmigrante y su adaptación al país ya bastaría para construir una novela poderosa, aquí hay un elemento más que la eleva: el cine. El autor no se limita a mencionarlo como un simple telón de fondo, sino que lo convierte en un lenguaje, en una forma de procesar la vida. Cada recuerdo, cada emoción, cada conflicto parece estar enmarcado en la lógica del séptimo arte, con referencias a actores, películas y escenas que dialogan con la propia historia del protagonista. La realidad y la ficción se funden en un juego de espejos donde las emociones se filtran a través del celuloide, dándole al libro un aire casi de ensayo cinematográfico encubierto.
Y, sin embargo, bajo esta estructura fragmentada, llena de idas y venidas, de flashbacks y elipsis, late una historia íntima sobre la relación con un padre que es, al mismo tiempo, cercano y distante. Un hombre que, como tantos otros de su generación, vivió bajo la premisa de que el pasado era mejor callarlo. El narrador, en su intento por reconstruirlo, por entenderlo, nos regala un testimonio en el que los silencios dicen tanto como las palabras, y en el que la verdad, como en el mejor cine, se va revelando poco a poco, escena tras escena.
Entre la introspección y la agilidad narrativa.
El estilo de esta novela es un acertado equilibrio entre lo introspectivo y lo ágil. Su prosa es evocadora, casi poética en algunos momentos, pero nunca se vuelve pesada o autocomplaciente. Hay un trabajo preciso con el ritmo ya que cada frase parece medida, cada párrafo dosifica la información con una naturalidad que engancha. No es de esos libros que requieren paciencia para entrar en su mundo, es fácil quedar atrapado en su atmósfera desde el inicio, en esa mezcla de nostalgia, memoria y cine que lo impregna todo.
Jorge Fernández Díaz construye el relato con una estructura fragmentada que se siente sorprendentemente fluida. No sigue una cronología estricta, sino que avanza y retrocede en el tiempo con soltura, encadenando recuerdos como si fueran escenas de una película montada con maestría. Esto le da un aire cinematográfico que no es solo un recurso narrativo, sino una extensión del propio universo del protagonista, con una infancia y una adolescencia marcadas por el cine.
Otro rasgo distintivo es su capacidad para mezclar lo personal con lo colectivo. Aunque la novela está narrada en primera persona y profundamente enraizada en la historia del protagonista, también es el retrato de toda una generación de inmigrantes y exiliados. Hay una sensibilidad especial en la forma en que el autor describe sus nostalgias, las hace palpables, con un lenguaje que captura esa melancolía.
A pesar de su tono reflexivo, el libro nunca se estanca en la contemplación pura. Hay un leve toque de humor, ironía, pequeñas anécdotas que alivian la densidad emocional sin restarle profundidad. Su forma de diseccionar películas y conectar sus argumentos con su propia historia es un ejercicio de agudeza crítica y creatividad.
En definitiva, el autor logra un equilibrio entre la belleza de la prosa y la fluidez de la narración. Su escritura es rica sin ser recargada, emotiva sin ser sentimentalista, reflexiva sin ser solemne. Es una voz que invita a la complicidad, que nos hace sentir que estamos escuchando a alguien que no solo recuerda, sino que revive cada escena con nosotros.
¿Para quién es esta novela? ¿Y para quién no?
El secreto de Marcial es una lectura ideal para quienes sienten fascinación por el cine clásico, pues no solo se menciona, sino que se analiza con una sensibilidad especial. Si te gusta ver cómo una película puede fusionarse con la vida de alguien, cómo las imágenes de la gran pantalla pueden moldear recuerdos y emociones, aquí encontrarás un festín de referencias y reflexiones.
También gustará a quienes aprecian una prosa elegante, precisa y evocadora, sin caer en el barroquismo. No es una novela de trama acelerada ni de giros inesperados, es más bien una obra que invita a la contemplación, al redescubrimiento de la propia infancia a través de la mirada del protagonista.
Ahora bien, si buscas una novela con una historia lineal, con una estructura clásica de inicio, nudo y desenlace bien marcados, quizás esta obra no sea para ti. Su estilo fragmentado, sus saltos en el tiempo y su tono reflexivo pueden no ser del gusto de quienes prefieren una narración más convencional.
Tampoco es una novela para quienes necesitan acción constante. Aquí lo importante no es tanto lo que sucede, sino cómo se recuerda y se narra. No hay grandes hazañas ni eventos espectaculares, sino una exploración de la memoria, de la familia y de la identidad, con todos sus matices.
Conclusión.
Al cerrar El secreto de Marcial, no queda una historia cerrada, sino un resplandor. La novela de Jorge Fernández Díaz deja un poso que no se disuelve con facilidad. No se trata solo de la evocación de un pasado, sino del mecanismo mismo del recuerdo, de su fragilidad y su persistencia, de la forma en que un instante cualquiera, un aroma, un fotograma, puede detonar la resurrección de algo que creíamos perdido.
Y en ese juego de proyecciones —entre el ayer y el hoy, entre la realidad y la ficción— hay una certeza inapelable: el cine no es solo una sucesión de imágenes en movimiento, sino un refugio, una forma de habitar el tiempo. Y lo mismo ocurre con esta novela. No se lee, se experimenta, no se consume, se reencuentra. Hay libros que se olvidan con facilidad, otros que quedan almacenados en un rincón de la memoria. Pero algunos, los menos, se adhieren a uno como ciertas escenas de la infancia, esas que nunca dejan de proyectarse en la sala oscura de la conciencia.
NOTA: 4/5
Jorge Fernández Díaz.

Jorge Fernández Díaz nació el 8 de julio de 1960 en Buenos Aires, en el barrio de Palermo, en el seno de una familia de emigrantes asturianos. Desde joven mostró una doble vocación por la literatura y el periodismo, dos ámbitos que acabarían definiendo su trayectoria. Comenzó a escribir ficciones en 1972 y, casi una década después, en 1981, inició su carrera como periodista profesional.
A lo largo de los años ha construido una obra en la que combina el periodismo y la narrativa con historias íntimas, cotidianas y tramas de mayor envergadura. Ha publicado diez novelas, además de cuentos, crónicas, ensayos y artículos. También ha incursionado en la novela policial con gran éxito. Sus libros han sido traducidos a varios idiomas, entre ellos francés, italiano y portugués, y han encontrado lectores en toda Iberoamérica. Entre sus obras más destacadas se encuentran Mamá, una historia íntima y El puñal.
En 2025, con la obra aquí reseñada, El secreto de Marcial, logró el prestigioso Premio Nadal, consolidando aún más su lugar en la literatura contemporánea.