

- Título: La culpa de todo la tiene Gordon Lish
- Autor: Pablo Escudero Abenza
- Editorial: Luz de fondo
- Año de publicación: 2026
- Páginas: 144
Lish y Carver no descansan en paz
—¿Sabes qué es lo peor de estar muerto, Gordon? Que después de pasarte media vida intentando comprender el mundo, te conceden la eternidad y descubres que tampoco así te da tiempo a entenderlo. Por lo demás, este sitio tiene sus ventajas, puesto que nadie envejece, nadie tiene que pagar sus deudas y las discusiones filosóficas pueden prolongarse indefinidamente, sobre todo porque ninguno de los participantes tiene ya adónde ir. Yo, por mi parte, sigo hojeando libros, hay que hacer algo con la eternidad, y mirar fijamente a la nada termina por volverse repetitivo. Precisamente esta mañana he encontrado uno que me ha hecho bastante gracia, se titula La culpa de todo la tiene Gordon Lish. Dime, ¿tú sabías que seguías teniendo tanta influencia después de muerto?
—No debería extrañarte, Raymond, puesto que fui un gran editor, y si hoy sigues encontrando lectores dispuestos a escuchar tus historias, convendrás conmigo en que algo tuve que ver. Antes de que yo pusiera las manos en tus relatos, eras un simple escritor, después, te convertí en Raymond Carver, y hay una diferencia considerable entre ambas cosas, aunque la modestia te impida reconocerlo. Lo curioso es que ahora, tantos años después, alguien haya decidido titular con mi nombre un libro para recordárselo al mundo. ¿Y quién lo ha escrito?
—Pablo Escudero Abenza. Son relatos, y lo publica una editorial independiente llamada Luz de Fondo.
—Una editorial independiente… Es decir, gente que ha decidido complicarse la vida por voluntad propia. Cuando yo trabajaba de editor, al menos tenía la excusa de que me pagaban por ello.
—Gordon, hay quien publica porque puede y quien publica porque tiene algo que decir. Aunque, por lo que recuerdo de tus años de editor, tú tampoco eras precisamente partidario de dejar que los escritores dijeran las cosas a su manera.
—Mi intención era descubrir lo que querían decir. Un escritor suele necesitar a alguien que le diga dónde termina su libertad y empieza su vanidad.
—A veces, después de haberles quitado la mitad de las palabras.
—La literatura también necesita una poda, Raymond. Si nadie corta una rama, el árbol termina creyendo que crecer consiste simplemente en ocupar espacio.
— Lo entiendo, aunque creo que el verdadero problema empieza cuando el jardinero termina convencido de que el jardín le pertenece.
—Siempre has tenido una forma bastante desagradable de darme la razón, Raymond. Lo haces con tanta cortesía que casi parece una ofensa.
—Y tú una habilidad extraordinaria para confundirla con una victoria.
—Luz de Fondo… El nombre de la editorial tiene su gracia. Una luz discreta, cuyas prfetensiones no son las de deslumbrar a nadie. Estoy convencido de que en nuestra época hubieran elegido un nombre más profundo… o rimbombante.
—Supongo que los lectores también tienen ojos y no necesitan que una editorial les enfoque un reflector en la cara cada siete días, Gordon. Publicar un libro exige tiempo, leerlo exige otro tanto y comprenderlo puede llevar años, pero la industria editorial ha convertido la mesa de novedades en una cinta transportadora en la que los libros aparecen, avanzan unos centímetros y desaparecen bajo el peso de los que vienen detrás Ahora los libros llegan al mundo con fuertes campañas de lanzamiento, pero con fecha de caducidad. A este paso, terminarán imprimiendo dicha fecha junto al ISBN
—Bueno, Raymond, ya sabemos que el tiempo es un inconveniente comercial. Un libro puede tardar diez años en encontrar a su lector, pero el departamento de ventas necesita encontrarlo antes del cierre del trimestre.
—Es posible, Gordon, pero para la literatura, el tiempo puede ser su mejor aliado. Si empiezan publicando con criterio, si cuidan los libros y dejan que cada uno encuentre a sus lectores, tendrán algo que muchas editoriales pierden por el camino, que no es otra cosa que una identidad.
—Lo dices como si estuvieras convencido de que les irá bien.
—Lo digo como alguien que sabe que no basta con tener buenas intenciones, ya que una editorial necesita trabajo, paciencia y lectores, aunque también tendrá que equivocarse y aprender. Pero creo que pueden triunfar precisamente porque si mantienen esa forma de entender los libros, sin correr detrás de cada moda ni publicar por llenar un calendario, acabarán construyendo algo reconocible. Creo que eso, a la larga, es mucho más valioso que hacer mucho ruido.
—¿Y empezar con un libro de relatos que lleva mi nombre te parece una buena decisión?
—Me parece una decisión excelente, Gordon. Para empezar, no han querido esconderse detrás de un nombre seguro ni de una fórmula evidente, sino que han puesto sobre la mesa una propuesta que tendrán que defender con los libros que vengan después.
—Una declaración de principios, entonces.
—O un homenaje.
—Naturalmente. Tu modestia sigue intacta, Raymond.
—Y la tuya sigue siendo insoportable. Aunque debo admitir que les he cogido algo de cariño, ya que han comenzado su aventura con un libro que lleva tu nombre. Sería de mala educación desearles mala suerte.
—Entonces, por una vez, estamos de acuerdo. Ojalá consigan construir una editorial que no tenga prisa por parecer importante, sino paciencia para llegar a serlo. Y si triunfan, Raymond, convendrás conmigo en que algo habré tenido que ver.
—Si triunfan, Gordon, será mérito de quienes escriben, de quienes publican y de quienes leen. Tú ya has tenido bastante protagonismo.
—Qué reparto tan poco equitativo. ¿Y si fracasan?
—Entonces podrás volver a editar el recuerdo de la conversación hasta conseguir que toda la culpa sea mía.
—Sabía que podía contar contigo, Raymond.
La culpa de todo la tiene Gordon Lish, y el mérito Pablo Escudero Abenza
Cuando Gordon Lish y Raymond Carver se enteraron de que estaba preparando una reseña de La culpa de todo la tiene Gordon Lish, decidieron que ellos también querían participar. Comprenderéis que negarse habría sido una descortesía, sobre todo teniendo en cuenta que ambos tienen bastante que ver con el libro, Lish, por haber sido el editor de Carver y dar título a esta colección de relatos, y Carver porque la escritura de Pablo Escudero Abenza me ha recordado a la suya, con ese minimalismo que prescinde de adornos, esa prosa austera y directa que parece no necesitar más de lo imprescindible y, sin embargo, consigue envolver al lector con una naturalidad asombrosa. Hace tiempo que leí a Carver y mi memoria, como suele ocurrir con los buenos libros, conserva mejor ciertas sensaciones que los detalles, así que no me atrevería a asegurar que el parecido sea exacto, aunque sí puedo decir que estos relatos me han devuelto a aquella forma de escribir que recuerdo del autor estadounidense. Y, una vez que Gordon y Raymond se habían presentado por su cuenta, ¿qué iba a hacer yo? ¿Expulsarlos de la reseña? Tengo mis defectos, pero tampoco soy un monstruo.
El libro, como ya han comentado Carver y Lish, se titula La culpa de todo la tiene Gordon Lish, lo firma Pablo Escudero Abenza y llegó a las librerías el 23 de septiembre, publicado por Luz de Fondo, una editorial independiente con sede en Madrid que ha elegido esta colección de relatos para inaugurar su catálogo. Detrás de una decisión así hay, imagino, muchas horas de trabajo, no pocas dudas y la esperanza de que el libro encuentre a sus lectores. En mi caso, al menos, la apuesta ha dado resultado, ya que he descubierto a un autor al que no conocía y al que tengo intención de seguir la pista. No está nada mal para un primer encuentro.
También quiero desearle mucha suerte a Luz de Fondo. Publicar libros ya es una tarea suficientemente complicada como para tener que añadirle, además, la incertidumbre de no saber cómo los recibirán los lectores. Ojalá encuentren su público y tengan motivos para seguir adelante durante mucho tiempo. Por mi parte, prometo seguirles también la pista, aunque no puedo garantizar que Gordon Lish y Raymond Carver vuelvan a presentarse sin avisar en la próxima reseña. Por cierto, sobre las declaraciones de ambos, en cualquier caso, debo aclarar que solo he estado allí como lector, no como responsable de lo que han dicho. Bastante tengo con responder de mis propias opiniones.
Aquí os dejo un enlace a la editorial Luz de fondo por si queréis estar al día con sus novedades: https://www.luzdefondoeditorial.com/
Sinopsis
En La culpa de todo la tiene Gordon Lish, Pablo Escudero Abenza reúne diez relatos protagonizados por hombres y mujeres corrientes que intentan seguir adelante mientras la vida hace lo mejor que sabe hacer, que es ir quitando una cosa detrás de otra, incluidas algunas de las certezas con las que habían aprendido a vivir. Son historias de familias, amistades, amores, trabajos, pérdidas y recuerdos, pero también de esas pequeñas situaciones que parecen insignificantes hasta que el tiempo decide convertirlas en otra cosa.
En el primer relato, “Media docena de bombones de licor”, una mujer llamada, Olivia aparece en los recuerdos de infancia del narrador como una presencia difícil de olvidar. A partir de ella, el relato reconstruye una época de la que permanecen escenas, afectos y algunas preguntas que solo pueden formularse cuando han pasado suficientes años para mirar el pasado con otros ojos, mientras que “Sin entrar en detalles” construye una relación entre dos hermanos muy diferentes y observa las consecuencias de una pérdida que nadie sabe demasiado bien cómo afrontar. En «La verdadera (y posiblemente triste) historia de la infancia de Peter Parker», el narrador contrapone la historia oficial de los padres de Spider-Man con la suya propia, un padre que abandona a su familia, una madre desbordada y dos hermanos que acaban viviendo con su abuela, mientras los adultos despachan su sufrimiento con un tranquilizador «ya se le pasará», por su parte, el relato titulado “Infierno” lleva al protagonista, un hombre que trabaja en un hospital, hasta Los Infiernos, en Murcia, cumpliendo el último deseo de un antiguo compañero.
“Uramaki” habla de una relación sentimental que se desmorona a la vez que su protagonista contempla el desastre con una mezcla bastante poco saludable de lucidez y ensimismamiento, “Apaches” convierte un cumpleaños infantil en una pequeña guerra de prestigio, dinero y resentimiento, mientras que el relato que da título al libro, “La culpa de todo la tiene Gordon Lish” nos transporta al siempre complicado mundo editorial para contar la relación entre una joven y su jefe, Fernando, un hombre cuya forma de entender la edición parece tener más que ver con Gordon Lish de lo que a ella le habría gustado descubrir.
La infancia, el paso del tiempo y aquello que desaparece de golpe vuelven a hacer acto de presencia en “4EVER (FOREVER)”, donde un trágico recuerdo amoroso queda ligado a un árbol y a una inscripción que el tiempo terminará eliminando…aunque nunca del todo. En “Mejillones a la diabla”, las separaciones familiares y la propia experiencia del divorcio sirven para hablar de una sensación más difícil de nombrar, como la de estar, de algún modo, divorciado de la vida. Y en “El pequeño topo o la fábula sin final del derrumbe del capitalismo”, el desempleo, la paternidad, la literatura y un extraño dibujo animado checo terminan encontrándose en una historia que observa el presente con humor, desconcierto y cierta desconfianza.
Los relatos recorren además asuntos muy reconocibles, como las familias que se rompen, los trabajos que desaparecen, las relaciones que se desgastan, la enfermedad, el suicidio, la precariedad, las frustraciones profesionales, la literatura, la edición y esa extraña forma de soledad que puede aparecer incluso cuando uno está rodeado de personas. Pablo Escudero introduce también referencias culturales y literarias, desde Los Simpson o Kurt Cobain hasta Borges, Raymond Chandler, Carver, Bolaño o Gordon Lish, sin convertirlas en adornos eruditos, sino integrándolas en la vida de unos personajes que leen, recuerdan, discuten, trabajan, aman y fracasan mientras intentan comprender qué demonios ha ocurrido entre aquella vida que imaginaban y esta que finalmente les ha tocado.
El resultado es un libro de relatos atravesado por una mirada austera, directa y muy atenta a los pequeños detalles, capaz de encontrar humor donde podría haber únicamente tristeza y tristeza donde, a primera vista, solo parecía haber una anécdota. Son historias sobre personas que siguen viviendo después de que algo haya terminado, quizá porque esa sea una de las pocas cosas que la vida nos exige con verdadera insistencia: continuar, incluso cuando no sabemos hacia dónde.
Estilo
Me gusta mucho cuando un escritor consigue que una historia corriente dé bastante más de sí de lo que prometía al principio, y Pablo Escudero Abenza lo consigue con una prosa directa, elegante e ingeniosa, a la que añade una cierta dosis de mala leche cuando la situación lo permite. Tiene una forma de contar las cosas que parece sencilla, pero detrás de esa sencillez hay una mirada atenta a los detalles y a las contradicciones de la vida, de esas que a menudo reconocemos mejor en los demás que en nosotros mismos.
Los diez relatos que componen el libro son breves; el más extenso apenas supera las quince páginas. Esa extensión obliga a concentrar la narración y Pablo sabe aprovecharla, puesto que entra en las historias sin rodeos, selecciona los momentos necesarios y consigue que cada relato avance sin perder espacio en explicaciones innecesarias. También sabe cuándo detenerse, algunos finales no buscan una gran revelación ni necesitan explicar hasta el último detalle lo que acaba de ocurrir, sino que dejan una pequeña zona abierta para que seamos nosotros mismos quienes terminemos de colocar las piezas. Esa confianza en quien está al otro lado me parece uno de los aciertos de estos relatos.
La primera persona encaja muy bien con la forma que tiene Pablo de narrar, puesto que los personajes cuentan sus experiencias con una naturalidad que nos hace terminar prestando atención no solo a lo que les ocurre, sino también a lo que piensan mientras les ocurre. Son introspectivos, lúcidos y capaces de mirar hacia dentro sin salir siempre bien parados. Se preguntan por sus decisiones, sus relaciones y su pasado, intentan encontrar explicaciones, aunque no siempre las encuentren, porque conocerse un poco mejor tampoco garantiza tener la vida bajo control.
Lo cierto es que, mientras leía, me he encontrado reconociendo algunas situaciones, pensamientos y pequeñas miserias que forman parte de la experiencia de cualquiera, desde la infancia que queda atrás hasta las relaciones que cambian o las pérdidas que aprendemos a llevar como podemos. Pablo escribe sobre todo ello sin subrayados ni discursos solemnes, dejando que sean los propios personajes quienes nos acerquen a esas preguntas que alguna vez nos hemos hecho y que probablemente volveremos a hacernos. Y agradezco que lo haga así, con inteligencia, naturalidad y la suficiente ironía para recordarnos que la vida puede ser muy seria sin que tengamos que tomárnosla siempre en serio.
Conclusión
Supongo que también os habrá sucedido que algunos libros os recuerden a otros escritores, aunque después os cueste explicar exactamente por qué, pues con Pablo Escudero Abenza me ha sucedido exactamente eso. Por lo que recuerdo de Raymond Carver y por las referencias que aparecen en estos relatos, su nombre ha rondado mi cabeza durante la lectura, pero también he tenido, en más de una ocasión, esa sensación de estar leyendo a Paul Auster. No porque Pablo escriba como ninguno de los dos, sino por esa manera de partir de situaciones aparentemente corrientes y llevarlas hacia territorios más hondos, de acompañar a los personajes mientras revisan sus decisiones, sus relaciones y aquello que el tiempo ha ido dejando atrás. En algunos relatos aparece también esa sensación tan austeriana de que detrás de una historia cotidiana siempre puede haber otra historia esperando a ser descubierta, aunque aquí Pablo la conduce por un camino mucho más cercano, irónico y reconocible. También está ese modo de contar lo extraordinario sin perder de vista la monotonía de los días, ese lento desgaste por el que la vida nos va quitando cosas, personas, certezas y hasta algunas de las versiones de nosotros mismos a las que todavía teníamos cariño, sin tener tan siquiera la delicadeza de comunicarnos el calendario de los desahucios.
Entre los diez relatos, hay cinco que me han gustado especialmente, aunque por razones bastante distintas. “Sin entrar en detalles” me ha interesado por la relación entre los dos hermanos y por la forma en que la pérdida termina dando un nuevo significado a todo lo que queda atrás. “Infierno” aborda la enfermedad, la muerte y la amistad sin perder de vista a quienes tienen que seguir viviendo después de que todo eso entre en sus vidas. “Apaches” juega con las jerarquías de la infancia, la crueldad que puede esconderse detrás de la aparente inocencia de los niños y unas expectativas que el desenlace se encarga de poner patas arriba. “La culpa de todo la tiene Gordon Lish”, por su parte, lleva la mirada al mundo editorial para mostrar cómo las relaciones de poder pueden disfrazarse de oportunidades hasta que dejan de resultar tan atractivas. Y “4EVER (FOREVER)” me ha llegado por esa forma de acercarse al primer amor y a la memoria, a lo que conservamos de quienes fuimos y a las huellas que el tiempo termina borrando, incluso cuando uno regresa al lugar donde creyó haberlas dejado para siempre.
Me ha resultado muy gratificante descubrir a Pablo Escudero Abenza y tengo intención de seguir leyéndolo, que es una forma bastante más honesta de expresar mi interés que repartir elogios y olvidarme del asunto al día siguiente. La culpa de todo la tiene Gordon Lish me ha dejado con ganas de conocer sus próximos libros y comprobar hacia dónde lleva esa voz propia que se dibuja en estos relatos. Espero que Pablo siga escribiendo con esa mezcla de lucidez, ironía y atención a las pequeñas tragedias cotidianas, porque material no le va a faltar.
Y quiero desearle también mucha suerte a Luz de Fondo, que ha elegido precisamente este libro para inaugurar su catálogo. Empezar una editorial exige una buena dosis de valentía, otra de paciencia y, supongo, cierta resistencia a las recomendaciones de quienes explican cómo funciona el mundo editorial sin haber tenido que pagar sus facturas. Ojalá encuentren lectores, publiquen libros que les entusiasmen y consigan construir un catálogo con personalidad, sin perder las ganas por el camino. Si este primer título sirve como declaración de intenciones, tienen motivos para mirar hacia delante con ilusión. Por mi parte, me alegra haber coincidido con ellos en este comienzo y haber descubierto a un autor al que pienso seguir la pista. A Pablo le deseo muchos libros por escribir, a Luz de Fondo, muchos libros por publicar y lectores que los encuentren. Lo demás, como probablemente diría Gordon Lish, ya veremos a quién se lo echamos en cara.
NOTA: 4/5
Pablo Escudero Abenza

Pablo Escudero Abenza compagina la escritura con la enseñanza y una sólida formación científica. Su trayectoria académica se ha desarrollado en torno a las matemáticas y la física, ya que se licenció en Ciencias Físicas por la Universidad Complutense de Madrid, obtuvo un máster en Matemáticas en la Universidad de Alcalá y actualmente cursa el doctorado en Didáctica de las Matemáticas en la UNED. Ha trabajado como profesor de secundaria y en la Universidad Camilo José Cela, y su recorrido literario le ha valido más de cincuenta premios.
Su bibliografía abarca distintos géneros y reúne novelas como Mil dolores pequeños (2016), ¡En el rincón de la derecha, con catorce derrotas, doce de ellas por KO, con calzón negro, guantes naranjas, ochenta kilos y vista cansada! (2018) y La habitación de las niñas (2025). En el ámbito del relato ha publicado títulos como Beber durante el embarazo (2015), Desórdenes (2016), Exhibición de interiores (2020) y Las medallas de mercurio (2021). También ha escrito teatro, con Cuatro rosas (2025). La culpa de todo la tiene Gordon Lish, publicada por Luz de Fondo, es su nueva colección de relatos.
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